Rolerosofía: Kierkegaard y Nietzsche, los Rol-Másters

¡Bienvenidos a la columna sesuda del blog: Rolerosofía! Aquí discutiremos los distintos aspectos del hobbie, introduciremos algunas puntas de las teorías roleras más renombradas, y, particularmente hoy, charlaremos de qué entendemos por "jugar rol". Pueden leerme los miércoles cada dos semanas.

Para hacerlo más ameno, voy a tratar de introducir los post con anécdotas. He aquí la primera:

Hace unos días salía de jugar Rolemaster, una experiencia encantadora, por cierto: nada más carismático que consultar 5 tablas para saber que te quedan 3 puntos de vida, tenés -75 a toda maniobra de movimiento y tu vía de escape es un hombre-pájaro que está paveando por ahí... se le viene a uno la sonrisa; como decía, salía de jugar con unos amigos, y coincidí con uno de ellos en parte del camino para volver a mi casa. Hablamos de lo BUENO y GENIAL que estaba Rolemaster, y por esas cosas de la vida, terminamos discutiendo acerca de lo que es jugar rol.

Tu primera sesión de combate no salió tan bien como esperabas...

Yo no lograba entender en absoluto su postura. O, si la entendía bien, implicaba que yo nunca jamás jugué rol en mi vida. Raro.


Decidimos cambiar de tema, pero no pude sacarme de la cabeza sus ideas. Trataba de entenderlas, pero se me escapaba.

Unas semanas después, para ser precisos, el sábado pasado, tomé un libro de Kierkegaard que me había comprado en la feria del libro y leí la introducción. Al parecer, para este danés hay tres estadíos en la vida de una persona: el estadío estético, el estadío ético, y el estadío religioso.

No, no me refiero a ésta Kierkegaard, lamentablemente...
¿A qué viene esto, Nargo?

Bueno, la cuestión es que el estadío estético es cuando, básicamente, contemplás al mundo sin comprometerte con nada; es una existencia poética o filosófica, llena de fantasías e imaginaciones. El prototipo de una persona en un estadío estético es el seductor.

Por otra parte, el estadío ético sucede cuando la persona se ve enfrentada a la angustia por tener que tomar una decisión, un salto cualitativo que surge cuando te enfrentás al abismo de la libertad. Y en este estadío domina el razonamiento, porque uno ha de pensar antes de tomar decisiones importantes. Acatás convenciones externas, aceptás una ley general más allá de vos mismo. Arquetípicamente: la vida conyugal.

Finalmente, el estadío religioso (al cual se llega por un segundo salto cualitativo, esta vez basado en la desesperación de encontrarte ante el infinito/la eternidad/Dios, y saberte ínfimo), en la que tu relación interior con ese infinito, con esa eternidad, con Dios, te hace estar por encima de cualquier convención ética. Ahora acatás la Fe. Ya no es tomar o no tomar una decisión, no es contemplar: es actuar.

Che, Nargo, en serio, ¿qué tiene que ver?
¡Andá al grano!

Dame tiempo, un par de párrafos y todo quedará clarísimo.

Nietzsche también pensaba la vida en tres etapas del espíritu: el camello, el león y el niño.


El camello acepta toda la carga que se le pone encima, dice que sí a las órdenes y respeta las prohibiciones. Es pasivo y obediente, pero el trabajo que le cuesta soportar esa carga lo endurece.

Luego, como león, se enfrenta a las órdenes y prohibiciones, dice “NO” y se define por la rebeldía. Pero aún falta, para el alemán, una evolución más del espíritu.

Esa última evolución lo convierte en un niño, alguien que contempla al mundo con inocencia y va creando sentido, definiendo en sus propios términos, construyendo su propia ética.

¿Y?

Y que estas visiones, paralelas en cierto modo, opuestas en cierto otro modo, me hacen pensar en las diferencias que tenía con mi amigo a la hora de pensar el rol.

Me explico, él creía que rolear era esencialmente ser otra persona por un momento. Identificarte tanto con tu PJ que al final terminás experimentando el juego como si fueras él/ella. Algo que, para acortar, voy a llamar inmersión.

Yo, por otro lado, pienso que esa “inmersión” de la que hablaba mi amigo no es tanto la esencia de jugar rol (más allá de que personalmente no creo en algo como las “esencias”), sino uno de los medios para los diversos fines con los que la gente juega rol. La esencia del rol, para mí, con la salvedad que hice antes, es la de que hay una ficción/narración con la que interactuar, y que las distintas interacciones que hacen los jugadores con esa ficción que imaginan entre todos la va evolucionando, hasta que termina siendo un Relato, una Historia, como quieran llamarlo. Los personajes son, para mí, el medio por el cual interactuamos con esa ficción. Digamos, “explorar” (podés explorar el mundo de juego, podés explorar la situación o conflicto en el que están los personajes ahora mismo, podés explorar el color o los detalles que le dan coherencia y cohesión ala ficción, podés exporar el sistema de juego que están usando, podés explorar también, por qué no, a tu personaje...).

Lo que diferenciaría al rol del “storytelling” (link en inglés) es, justamente, el medio por el que se interactúa con esa ficción: el personaje (y, necesariamente, el sistema, que hace de “interfase” entre la intención del jugador y el efecto de la acción del personaje en el mundo de juego, en la ficción), pero también el fin general: jugar.

En otras palabras, mi definición de rol es “juego en el cual la imaginación es parte de las reglas”.

¿Y la importancia de los filósofos es...?

Que una mirada kierkegaardiana del rol indicaría que rolear es inmersión. Como persona real contemplás el mundo del juego, en un estadío estético. Disfrutás de las descripciones del GM y de tus compañeros jugadores, disfrutás con el desenvolvimiento de la historia. Un salto cualitativo te permitiría ya tomar decisiones por tu personaje, involucrarte, angustiarte cada vez que hay que tirar un dado para ver si el personaje tiene o no éxito... el estadío ético. Un último salto cualitativo es cuando la identidad con tu personaje es tal que si él sufre, vos sufrís, si el triunfa, te sentís triunfador, si el duda, vos dudás... tenés fe en la identidad de tu personaje, en que es un ente por sí mismo, más allá de vos, pero con el que vos te identificás y con el que empatizás. Sería el estadío religioso.


Pero, por el contrario, una mirada nietzscheana del rol indicaría que rolear es explorar. Es mucho más difícil hacer una analogía con los tres estados del espíritu nietzscheanos, pero la cosa es que uno aspira a ser un niño si quiere ser un “buen” jugador de rol según esta mirada: contemplar el mundo, analizar la situación, jugar con el sistema, definir los personajes, disfrutar del color. Explorar la experiencia de jugar rol.

¿Se entendió algo?

A ver si la estrategia de poner chicas sexys funciona...

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