Cuentacuentos: cuando un jugador te sorprende

El escape de la nave imperial tenía todo el aspecto de ser un desastre: el capitán desmayado, el grupo perseguido por soldados enemigos, todavía no habían resuelto el tema del combustible para su nave. Y todo esto por transportar a una misteriosa dama fuera del imperio, a los asteroides controlados por los piratas. Una misión de rutina estaba por derrotar al mítico Cyrus Vance, capitán de El Buho, parecía.

No, Cyrus no podía aceptar esa idea. Se resistía a pisotear el mito que él mismo había creado, el del poderoso forajido que había burlado todas las emboscadas del imperio, el único que se le resistía a aquellos que tenían para sí todo el poder de la magia y la tecnología. Cerró los ojos muy fuerte, y quiso evadirse, pedir un poco más de tiempo, sólo un poco más.

Y de repente, sus compañeros estaban desesperados, buscando por todas partes: Cyrus Vance se les había desvanecido entre los brazos, mientras lo cargaban. La tripulación del Buho sabía que su capitán en ocasiones podía transportarse rápidamente en distancias cortas. Pero nadie lo había visto desaparecer antes. Mientras corrían de los soldados, el goblin que hacía de piloto se permitió bromear al respecto: "Hasta para morir tiene que tener su toque personal". Pero el mundo era un lugar raro, y nadie iba a creer que su capitán estuviera muerto hasta verlo con sus propios ojos (y a veces, ni eso era suficiente). "Ya aparecerá luego, ocupémonos de llegar al Buho antes", dijo alguien, y continuaron corriendo por los pasillos de metal apenas iluminados.


Tal vez ya lo hayan notado, pero esto es un fragmento de una sesión de Lady Blackbird, y uno de los pjs acababa de morir. En este juego, "muerto" es una condición, pero es más un "presuntamente muerto" que otra cosa, porque sólo el jugador puede decidir que su pj acaba de morir. Así que hice que los poderes del capitán se salieran de control y él simplemente desapareciera. Seguí jugando con el resto, pero teniendo en mente reincorporar a Cyrus en el momento apropiado. Cuando estaban por llegar a su nave, anuncié que encontraban al capitán del Buho, desvanecido, cerca de su nave, y le pregunte a la jugadora: ¿qué ocurrió cuando se desvaneció, y por qué apareció de vuelta?...

Ya con la nave segura y habiendo dejado atrás La mano del pesar, el poderoso navío imperial, todos corrieron a interrogar a Cyrus, quien todavía se estaba recuperando. Se reunieron en la sala donde solían comer y tener sus reuniones los tripulantes del Buho: un mirador con algunas mesitas y sillas, todas de diferentes tipos (robadas o reconstruidas a partir de basura). Unos tapices de colores chillones colgaban de una pared, mientras la opuesta ofrecía una espléndida visión del cielo azul oscuro. Bueno, no sé si espléndida, porque eran dos ventanas un poco chicas, pero para lo que era la nave se podía tomar como un lujo.


Cyrus estaba recostado en el único sillón disponible, y todos lo rodeaban, incluso la misteriosa dama que los había contratado. El capitán, que disfrutaba de ser el centro de la atención, se recompuso rápidamente y empezó a contar su historia:

"Parece que soy un mago mucho más capaz de lo que sospechaba, porque jamás escuché una historia de alguien que se transportara tan lejos como yo lo hice. ¡Pude conocer las profundidades! (se refería a la nube de gases acumulada debajo del cielo, por donde no es seguro volar, y hogar de los pulpos gigantes) O mejor dicho, pude traspasarlas y ver qué hay debajo, pues hay otro mundo igual al nuestro bajo los gases corrosivos. Mi magia de transporte fue tan poderosa que pude elastizar un poco el tiempo, y eso me permitió, durante dos meses, conocer a los seres que habitan ese otro mundo. Una raza de pulpos gigantes voladores, como los que conocemos, viven allí, pero no son bestiales como los que nos atacan a veces, sino civilizados: pude hablar con ellos, conocerlos y saber lo que es la paz. Sí, si tuviera que definir el paraíso, creo que sería como lo que vi en estos dos meses: charlas sobre filosofía con pulpos gigantes, manjares exquisitos; nadie parecía necesitar trabajar allí abajo, y todos vivían en comunidad."

"¿Y entonces qué pasa con los pulpos que nosotros conocemos?" preguntó alguien.

"Según me contaron, los gases superiores (para ellos son superiores, no inferiores) vuelven locos a los de su especie, que por culpa de ellos actúan como bestias descerebradas, atacando todo lo que ven."

Quiso seguir, pero la mayoría de su tripulación ya volvía a sus puestos, poco impresionada por lo que parecía ser una burda estratagema para impresionar a la dama que los había contratado. Y por las miradas que Cyrus le dirigió al contar su historia, no debían estar del todo errados.

Cuando la jugadora nos contó qué había pasado con la desaparición de su personaje, todos nos quedamos atónitos: en una pequeña historia nos había cambiado la ambientación de una manera muy inesperada, todo lo que creíamos saber sobre El Salvaje Azul (así se llama el mundo). Hubiera sido posible desestimar toda su historia como un delirio del personaje mientras estaba inconciente, pero era mucho más interesante incorporar las contribuciones de la jugadora a la ambientación. Al final jugamos solamente el escenario con el que viene el juego, no hubo tiempo de utilizar todo lo que la jugadora había creado, pero esto me enseñó que los aportes de los jugadores pueden darle un giro a la historia o al mundo mucho más dramático que el que le pueda dar yo, dirigiendo.

Mi consejo para los que dirigen es no temer salirse de su zona de comfort de vez en cuando. A veces, una pregunta puede ser devuelta a los jugadores para que ellos sean los que dirijan, por un instante: ¿qué peligros suelen enfrentar al viajar por el desierto de sal? ¿qué historias escucharon sobre el payaso de las profundidades? Si en algún momento están dirigiendo y se quedan sin ideas, pueden preguntar algo a los jugadores, formulando la pregunta de tal manera que estén respondiendo a partir de los conocimientos que tiene su personaje: así, el GM puede renovar el material con el que trabaja, algo vital en los momentos en que momentáneamente falta la inspiración.

Espero que la anécdota les haya gustado, y disculpen que esta vez no hubo ningún "cuento". ¡Nos vemos la semana que viene!

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