Rolerosofía: Vicios y virtudes de las páginas de mecenazgos

15.10.14

Rolerosofía: Vicios y virtudes de las páginas de mecenazgos


El fenómeno de los proyectos de financiamiento colectivo o crowdfunding ha crecido notablemente en los últimos años, y han sabido ganarse un lugar en el costado independiente (y progresivamente también en el corporativo) de los juegos de rol.
La idea es maravillosamente simple: un creador expresa una idea y fija una meta para financiarla. Si la comunidad lo considera interesante puede apoyarlo directamente, y si se llega a ese monto proyectado, el creador puede llevar a la práctica su idea.
Sin embargo, con el paso del tiempo esta caracterización simple ha ido complejizándose, para bien o para mal, y hoy en día se pueden hacer algunas apreciaciones sobre cómo ha impactado este recurso en el mundo de los juegos de rol. Así que avancemos con algunos aspectos positivos y otros negativos, para intentar hacer un balance de los mismos.


El lado soleado de la vereda

Diseñadores independientes muy prestigiosos como John Wick han defendido fervientemente este modelo comercial, y tienen sus buenas razones para hacerlo. Del lado del desarrollador, permite hacer un sondeo de mercado y una inversión relativamente pequeña a partir de la cual sabrá si su proyecto es redituable o no. Si el proyecto es exitoso, recién en ese momento incurre en un gasto fuerte, cubierto desde el comienzo por los fondos recaudados. Si el proyecto fracasa, la pérdida es muchísimo menor de lo que podría ser en una publicación de decenas, centenares o miles de ejemplares impresos.
Además, el carácter global de estas páginas permite a productores de distintos puntos del mundo ofrecer sus ideas a los demás y encontrar clientes en donde nunca podría llegar por medios más tradicionales. Y esta ventaja se acentúa en casos de países con monedas devaluadas que pueden comercializar sus juegos favorecidos por el valor de cambio: ideas en pesos, cobradas en euros.
Desde el lado del consumidor, este sistema de financiamiento ha ido mutando desde sus inicios y en la actualidad los distintos niveles de participación que suelen ofrecerse permiten formar parte del proceso creativo desde valores relativamente bajos (desde un dólar, que se traduce en una recompensa moral), hasta importes generalmente menores a los diez dólares para libros en formato electrónico, o inclusive generando la posibilidad para aquellos que lo pueden pagar de obtener ediciones de lujo, autografiadas, y con regalos adicionales.


El lado oscuro de la vereda

Sin embargo, no todo resultó ser del color de rosas en el mundo del financiamiento colectivo. A continuación hay algunas observaciones hechas sobre la generalidad de casos observados en los últimos años. Desde ya hay contra ejemplos, pero los siguientes aspectos negativos son frecuentes, y muchos parecieran ser intrínsecos a esta modalidad comercial.
Por empezar, cabe aclarar que se está ofreciendo pagar por algo que aún no existe. El riesgo no es perder el dinero, ya que en la mayoría de los portales se garantiza cancelación de la cobranza del dinero ofertado en caso de fracaso del proyecto. Pero sí existe la posibilidad de que el proyecto se funde, se hagan los pagos, y los resultados no estén a la altura de lo esperado. Claro que cuanto más convincente sea la publicación respecto a la calidad del producto final, mayor será la confianza que tendrá la comunidad para apostar por su realización. Pero ser convincente no es lo mismo que ser sincero, honesto, o sencillamente capaz de cumplir lo prometido.
Otro inconveniente más que frecuente respecto a estos proyectos es la conocida prórroga en los tiempos de entrega. Los pronósticos que hace la mayoría de los desarrolladores suelen verse alterados por problemas con imprentas, conflictos de distribución, servicios de envío deficiente, que hacen que las fechas pactadas sean una mera expresión de deseo. Nuevamente: ha habido excepciones notables y loables; pero en la mayoría de los casos el mejor amigo del contribuyente es la paciencia.
También desde lo local, y hablando específicamente de la situación en Argentina, que es el país al que pertenece quien escribe, las regulaciones en materia de importación y cambio de moneda extranjera han vuelto inviables a la mayoría de los sitios más renombrados de financiamiento colectivo, como Kickstarter y Verkami. Los precios, inclusive para las versiones digitales se han vuelto prohibitivas en muchos casos (más que nada teniendo en cuenta la inflación que azotó al mercado de los juegos de rol en los últimos años, pasando de un precio promedio por manuales básicos que rondaban los treinta dólares, a un precio ya casi estandarizado de cincuenta). Se han generado opciones locales para el financiamiento de desarrolladores nacionales, como es el caso de Panal de ideas, pero el desconocimiento generalizado a nivel regional de este método de comercialización es aún precario y su público es demasiado reducido si se lo compara con los mercados mundiales de los que se nutre Kickstarter. Los proyectos roleros nacionales por estas vías tienen que lidiar con la marginalidad en muchos frentes: una franja marginal de la población mundial (los habitantes de la República Argentina) que acceda a un método de financiamiento marginal (el crowdfunfing), para un producto marginal (los juegos de rol). Teniendo en cuenta esto, proyectos como StudioErgo Sum muestran ser verdaderas proezas, aunque el equivalente en dólares de su recaudación llegue a los quinientos dólares.

La gran trampa del crowdfunding en los juegos de rol

Pero el más importante punto negativo en la forma en la que funcionan la enorme mayoría de los proyectos de mecenazgo (por lo menos para quien escribe) no es ninguno de los mencionados. La principal contra de este método de comercialización es que son un pésimo canal de información para transmitir cualquier cosa útil sobre un juego. La mayoría de los proyectos de mecenazgo que han desfilado por nuestros ojos, podría ser descrita de una misma manera: “Un juego de reglas fluidas, en un mundo genial.” Todo esto acompañado de las mejores ilustraciones que la inversión inicial del desarrollador pudo costear. Es importante entender que ese tipo de descripciones no dicen absolutamente nada al respecto del juego en sí. No está dando ninguna base sólida para determinar si va a ser un buen o un mal juego. Se apela a las imágenes para seducir al ojo de la comunidad, pero lo importante, la carne del juego, tiende a permanecer oculta en un puñado de párrafos irrelevantes describiendo someramente un mundo con algún grado de apocalipsis y algunos personajes divididos en clases, clanes, o lo que fuere.
La experiencia me ha mostrado que juegos que exponían claramente sus premisas y describían el foco del juego y sus mecánicas (como sucedió con Draw52) han mordido el polvo ante juegos completamente genéricos y poco orginiales pero que contaban con brillantes ilustraciones capaces de cautivar al lector (como es el caso de Kromore). El libro es juzgado por su tapa, y el proyecto de mecenazgo por sus ilustraciones.
Desafortunadamente este medio que comenzó como una posibilidad para los desarrolladores de alcanzar el financiamiento de una idea desligándose de la presión e impedimentos que imponen las grandes corporaciones editoriales ha generado una nueva profesionalización en la creación de la entrada para dichos proyectos. Las ideas han perdido nuevamente la pelea contra las luces de colores.


Vale aclarar que existen muchos y muy prestigiosos casos que han logrado ir más allá de esta mutación patológica que parece estar estancando los proyectos de financiamiento colectivo en un mar de mediocridad. Nuevamente recurro a un nombre mencionado con anterioridad: John Wick en el reciente proyecto de mecenazgo de Wield se encargó de realizar breves videos en los que muy sintéticamente se explicaban varias de las mecánicas que hacía de Wield un juego interesante. Este tipo de demostraciones, como las que explican la forma en la que se resuelven los combates hacen que la persona interesada en el proyecto tenga una real noción de qué puede encontrar en él, más allá de un bello tomo ilustrado para adornar su biblioteca. O inclusive, sin necesidad de apelar al recurso del video, el proyecto de mecenazgo de Wield ha logrado operar de forma completamente honesta y mucho más concisa que el vasto porcentaje de los proyectos que hemos visto planteando tres interrogantes con sus respuestas: ¿Qué es Wield? ¿Sobre qué trata? ¿Cómo lo hace?
Otras opciones populares que alentamos y disfrutamos es la entrega inmediata a los mecenas de un borrador del juego que se ha apoyado, y un seguimiento paso a paso del proceso creativo que se está ayudando a gestar. Todo esto ha sido cumplido a rajatabla, por ejemplo, en el enormemente exitoso proyecto de financiamiento de Fate Core, que desde el vamos hizo entrega de los archivos a la comunidad y continuó informándoles del paso a paso de proceso editorial.

El balance de cierre

En definitiva, los encantos y desencantos de los métodos de financiamiento colectivo nos han demostrado que esta plataforma de venta, como cualquier otra, requiere un análisis por parte de los involucrados. Hay que saber separar la paja del trigo, y reconocer aquellos juegos que se limitan a cambiarle de collar al perro o a reinventar la rueda postulándose como grandes ideas.
La interfaz gráfica, así como los videos introductorios han pasado de cumplir el rol informativo al apelativo. De ser un móvil para transmitir una idea han pasado a ser un móvil para venderla. Quizás estas funciones nunca hayan estado del todo diferenciadas. Las tipologías no son mi pasión.
Pero valga la advertencia: si ven el proyecto de mecenazgo de un juego con reglas fluídas en un mundo genial, con algún grado de apocalipsis y algunos personajes divididos en clases, clanes, o lo que fuere, pregúntense ¿en qué se diferencia con el centenar de juegos que encajan en la misma descripción?

Lo prometido es deuda...

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