Cuentacuentos: Rosario Juega Rol 2014 (Parte 2)

19.11.14

Cuentacuentos: Rosario Juega Rol 2014 (Parte 2)


Aclaración: Esta entrega de Cuentacuentos relata los acontecimientos no de una sesión de juego, sino de la intensa experiencia que fue participar de Rosario Juega Rol 2014.
La primera parte del relato van a poder encontrarla haciendo clic aquí. Que las advertencias y aclaraciones que hice en esa entrada valgan también para esta. Lo único que tendría que agregar, es el aviso de que en esta oportunidad se cubren con mayor acento los aspectos sociales del evento, así que van a encontrar menos rol que en la oportunidad anterior, y más comentarios sobre las comidas, salidas, charlas amistosas, y demás aspectos que creo que son tanto o más importantes que las tiradas de dados para sostener una comunidad unida, amigable y saludable.
Así que sin más preámbulos, avancemos con la última parte del reporte de acontecimientos que viví en Rosario Juega Rol 2014.


El Chori-Rol
Una hermosa comitiva de roleros locales e importados nos recibió en una de las parrillas, con varias ristras de chorizos empezando a prepararse para la comilona. Honestamente el reporte de los hechos se vuelve caótico en este punto. A diferencia de lo que sentí que me pasó el año anterior, en esta oportunidad tuve la posibilidad de integrar muchísimos grupos distintos y contactarme con aficionados a los juegos de rol de todos los orígenes, orientaciones, gustos y edades. Desde Mariano, con su excelente onda y generosidad a la hora de compartir hasta Miguel y Agostina con los que tuve la posibilidad de conversar sobre la carencia que existe actualmente de juegos de rol diseñados para que sean aptos para participantes no videntes. También atestigüé la conversación etílico-intelectual entre Mauro y Martín, de la cual entiendo que ambos salieron contentísimos, y pude presenciar el reencuentro entre figuras épicas de la escena rolera de otros años, como lo son Patricio y Gabriel. Con el otro Pablo, alias Ibex compartimos finalmente algunas palabras muy agradables. Y no fue lo único que compartimos: Patricio nos asignó a ambos el apelativo de blueballs en nuestra calidad de hombres casados/en pareja formal atrapados en la ciudad de las mujeres bellas.
En fin, en mi segunda visita a un Rosario Juego Rol pude disfrutar y aprender muchísimo de este espacio de relaciones sociales, y me quedó muy claro que son estos lazos de amistad y camaradería los únicos que pueden hacer desarrollar al hobby. Gente como Duamn y Plober, con todos los méritos que tienen y el reconocimiento que merecen, son representantes y exponentes de algo mucho más grande, que es una comunidad enorme de verdaderos amigos que empujan parejo hacia un mismo lado. Eso es un club de rol, pero también es mucho más, y en el Chori-Rol fue cuando me di cuenta de la generosidad ciclópea de estas personas que nos invitaron con los brazos abiertos a pasar un rato con ellos.
De los choris, ni hablar. Franco y compañía campearon como unos grandes el calor, le pusieron el hombro a la responsabilidad asadera y nos llenaron a todos de embutidos y carne cilíndrica, perdonen la expresión.
Es una pena que una sola noche no sea suficiente para hablar con todos los chicos. Me quedaron en el tintero muchísimas charlas que hubiera querido tener. Desde, obviamente Duamn y Plober, a Ana y Matt, así como los roleros con los que compartí la mesa Rúnica y muchos de los integrantes del foro DeRol... Pero en fin: el tiempo es tirano, y en todo caso esa limitación no hace más que invitarnos al próximo Rosario Juega Rol.


Algunos protagonistas del relato. A la izquierda lo encuentran a Martín bebida espirituosa en mano. Con remera verde ramonera lo ven a Ezequiel. Abrazado a él, con remera blanca, Gonzalo, colaborador en este mismísimo blog. En el centro, con dedos en V, Fer, nuestro compañero de hostel. A la derecha, con anteojos, Franco, uno de los héroes asadores. Y abajo a la derecha, en un despliegue de piel y barba, un servidor.


Fiesta-fiesta
Ya con los choris en el buche, y con varios roleros tomándose el palo o en un estado que poco propiciaba la charla, prendí el radar bailantero. Pero, un momento, les voy a contar cómo es mi relación con el baile y la música festiva. Sólo porque puedo.
En mi adolescencia fui básicamente un amargo por el solo amor romántico a la amargura. Introvertido es una palabra con demasiado glamour: mejor me llamaría resentido. Escuchaba lo que entonces se conocía como Nü Metal, le pedía a mi mamá que me compre ropa negra, iba a mi colegio católico usando tachas para que los preceptores me dijeran que no las podía usar. Un gil. Unos años más tarde, llegando a los 20 empecé a escuchar música que de una u otra manera empezó a abrir mis horizontes. Particularmente Radiohead, que a su manera, y dentro del perfil depresivo, me mostró la cara de la música electrónica. Creo que el gran cambio llegó un par de años más tarde cuando conocía el ska y asistí a algunas fiestas con mi entonces amiga Cyntia, y hoy en día novia, compañera, asesora, socia y todo lo que ustedes quieran. Ahí aprendí la gran lección de que divertirse no está mal. Y me empezó a gustar esto de bailar. Sí señor. Bailar mal, bailar haciendo el ridículo, bailar con más ganas que vergüenza, bailar por bailar. Y desde entonces, si bien no soy un amante de las salidas, cuando tengo la oportunidad de divertirme sacudiendo el cuerpo escuchando algo como Los Patis o Las Ligas Menores, lo hago. Es la que va, qué tanto ni qué tanto.
Así que hecha esta introducción, Duamn me comentó que Ai, la chica del juego con la premisa del grupo de amigos que sale una noche y no recuerdan lo que hicieron, estaba pensando en ir a una fiesta en un centro cultural. ¿Sería una premonición? Le pregunté a ella qué onda y me dijo que un amigo le había pasado el dato, que estaba bueno, etc. etc. Recluté a Sergio, el Enano Durlock, y también se sumo Axel, que a todo esto, tuvo la delicadeza de traer un cuerno para tomar sus bebidas en el Chori-rol. Bien de rolero, sí. No sé qué idea se habrá hecho Patricio sobre lo que iba a hacer pero voy a tratar de recrear lo más textualmente posible sus palabras hacia mí cuando estaba yéndome con los chicos:
Juan vos no querés ir a bailar. Yo soy tu superyó, y te digo que no vayas. Cyntia no quiere que vayas.
Les juro, esas fueron las palabras de Patricio. Me gustaron: le dieron un tinte dramático a nuestra momentánea despedida.
Así que, con las funestas predicciones de Patricio en mente nos lanzamos a la aventura de la noche de sábado rosarina. Lo voy a confesar, ya que estamos en la intimidad del relato: mi primer reflejo fue arrugar: no estaba seguro de que fiesta estuviese buena, ni de que me diera el cuerpo para poder dirigir partidas al día siguiente, ni de si estaba en condiciones de encontrar mi camino seguro de vuelta al hostel, dado mi nulo conocimiento de las calles de Rosario. Y las palabras de Patricio castigaban.
Por suerte no tardó en llegar un taxi que nos llevó hasta el Centro Social y Mutual del Personal de Jockey Club de Rosario. Entramos en esta casa vieja repleta de gente, con unos pintores haciendo arte en vivo y un loop de música de fondo. Que feo ese momento de adaptación que se genera entre que uno llega a un lugar y el momento en que uno se siente cómodo. En este caso habrá sido media hora con ese loop de fondo, yendo de acá para allá, gritándonos al oído para escucharnos. Sergio, con su conocimiento pictórico se puso a hablar con uno de los artistas. Yo curiosamente me crucé con un rolero con quien había compartido una mesa en Rosario Juega Rol 2013, y charlamos un rato. Mundo pequeño: resultó ser el tío de uno de los niños que integran la mesa infantil de Numenéra que Duamn me contó que dirige regularmente. Al parecer es el mismo chico que participó de una mesa que dirigió Patricio, según el cual ese pibe era algo así como un prodigio del rol. Que bueno ver como surgen nuevas promesas locales de los juegos de rol. Una tarea a la que sin duda se tienen que dar todos los clubes de rol.


La fiesta en cuestión

Como fuere, el lugar no daba para charlar, y el loop no daba para bailar. ¿Diagnóstico? Esto no da para más, señores, batámonos en retirada.
Estaba pensando en cómo volver al hostel, cuando empezamos a notar movimiento en el escenario. Nos acercamos y viendo que se venía una banda le dimos otra oportunidad a la noche. Cuando la música arrancó me sorprendí con una fusión de swing con hip-hop, de la mano de Ani Books & The Freaking Nipples. Me encantó la banda, muy recomendable. Se subió un tipo a hacer beat-box, bailé como un poseso, los chicos acompañaron... buenísimo. Cuando terminaron quedamos cuatro o cinco locos bailando por mero amor al baile. Yo en realidad venía con algo más tropical en mente, así que agarré a Sergio de la cintura y empezamos un mini-bailongo cuartetero, con música electrónica de fondo. Aixa y Axel se re prendieron y nos reímos un rato. Good times.


Ani Books & The Freaking Nipples

Seguí bailando, los chicos fueron y vinieron, tomando algo, cansados del calor que nos inundaba (yo a esta altura ya estaba de nuevo vistiendo mi uniforme de piel desnuda), y en eso se acerca Ai a decirme que la próxima banda tocaba música surfer, o algo por el estilo. Creo que mis pupilas se volvieron estrellitas... ¡me encanta la música surfer! De hecho, recuerdo haber puesto algo de música surfer en el Compiloco 1. Así que la noche se iba para arriba nomás.
Con los pies destruidos por usar havaianas por primera vez en meses para bailar por horas, vi llegar a los chicos de Daddy Rocks al escenario. El lugar se llenó de adolescentes, y en lugar de música surfer la banda desplegó un tipo de música que yo pensaba que se había extinguido hacía unos cinco o diez años. Una onda muy parecida a El otro yo, lo cual me recordó mis dieciséis años. No era lo que esperaba, no es lo que me gusta, pero le puse onda, ¡y a seguir bailando! 
Pasó la banda, pasó un poco más de música, y al rato volvió a tirarnos un dato Aixa, que era como la Ranger del grupo: "arriba hay una terraza." Fuimos escapándole al calor y a la música, subimos una escalera, pasamos por unas oscuras secciones en construcción que no tardé en bautizar "cogederos", y nos encontramos con un lugar más despejado, más tranquilo, más fresco. Nos tiramos al piso en el fondo, mirando las estrellas y bajando unas cuantas revoluciones. Charlamos un poco. Un poco bastante. Yo quemé mis últimos esfuerzos con una garganta agotada haciéndole una entrevista a Sergio respecto a sus más íntimos y oscuros secretos. Sergio no se calló nada. Aixa y Axel sabrán guardar los secretos mejor que yo.
Finalmente, con el amanecer amenazando por oriente se acercaron unas personas a cargo de la organización del lugar y fueron pidiendo a la asistencia que bajen, porque estaban por cerrar el centro cultural. Así que tocamos la trompeta de retirada, y empezamos a caminar por... ¿Avenida Mendoza? ¿San Juan? ¿A quién quiero engañar? No tenía ni tengo ni idea de por dónde estábamos caminando. Como pasó a la tarde, después de amagar con un taxi nos decidimos a caminar, y Sergio y los demás fueron tan amables de orientarme un poco e indicarme por qué calle tenía que caminar para llegar al hostel. En el trecho que hicimos juntos fantaseamos sobre helados bajoneros, golosinas, tostados, etc. Pero yo ya estaba para atrás, los pies me pedían socorro y la garganta ya no podía pedir nada porque estaba casi muda. Así que en una bocacalle como cualquier otra nos despedimos hasta el día siguiente, y me separé del grupo en dirección al río Paraná.
Mientras caminaba paranoiqueé un poco, pero la presencia de personas de todas las edades en las calles, aún a altas horas de la madrugada me calmó un poco. Creo que iba escuchando a los Ramones en mi teléfono, lo cual no dejaba de ser una excelente compañía.
Con el sol saludándome de costado entré al hostel, me limpié los pies bañados en cerveza y fernet, y aterricé en la cama. 
Completamente destruido.
Pero feliz.

Sunday Morning...
... and I'm falling...
Me despertó Martín para pedirme las ojotas. Todo bien man, agarralas. Momentos más tarde me volvió a despertar para avisarme que iba a sumar puntos para quedarse a pata a la vuelta, e inmediatamente lo vi despertar a Ezequiel para pedirle las llaves del baúl del auto.
Así que, como estaban las cosas, parecía que el ñoñaje demandaba vigilia, y yo respondí al llamado. Me levanté 1000% peor de lo que me acosté, casi sin voz, y con la cara hinchada como si hubiera pasado la noche bailando en el ring con Tyson. 
Ya estábamos cerca del mediodía, así que el desayuno fue frugal y cargado de preparativos de partida. A esta altura Fer ya era uno más del grupo, y juntos compartimos la partida del hostel en dirección al mismo restaurant en el que habíamos almorzado el día anterior.
Con los chicos ya veníamos barajando la idea de repetir una entrada de rabas y frituras como habíamos hecho el año anterior en compañía de Luciano, alias Rackhnor, a quien, debo decir, rememoramos y echamos de menos. A él y a sus discusiones positivistas de domingo al mediodía. 


Om nom nom...

Con el buche a medio llenar Ezequiel y yo tomamos la vía del asceta y comimos ligerito, para no sobrecargar demasiado al organismo. Entre raba y raba, él abrió su corazón espartano de ramonero y me confesó que se había preocupado al ver mi cama vacía cuando volvió del Chori-Rol. Somos unos tiernos los roleros. Los demás comensales, refrescados por la brisa de la rivera le entraron a tremendas hamburguesas y montaron la comilona. En este punto fue muy lindo ver llegar y sumarse a la mesa a varios roleros con los que habíamos compartido el día anterior. No faltó Sergio, que se lució almorzando un pescado con fritas como un campeón, y tampoco Gastón, con quien finalmente tuvimos la oportunidad de charlar más allá de la temática de los juegos de rol. Lamento no recordar si había más gente, pero terminamos siendo muchísimos en la mesa, y fue otro momento para compartir experiencias, reírnos de giladas y sentirnos un poco más amigos entre nosotros. Un Almorzando con Mirtha Legrand donde indiscutiblemente Emanuel hacía los oficios de Mirtha.

Y ahora sí, panza llena, corazón contento, nos fuimos preparando para entrarle a la segunda y última fecha de la convención rolera más importante de la Argentina. De pasada, previniendo la que se me venía, compré una bolsa de caramelos de miel para que me asistan en este último trecho y me ayuden a recuperar la voz. ¡A ponerle el pecho al rol, a lo Kano!


Se va la segunda
Nuevamente nos encontramos con Duamn, Plober y compañía trabajando a pleno para terminar los preparativos del día. Saludé a quienes estaban presentes, y mientras finalizaban los arreglos, nos tiramos a la sombra a hippearla un toque. 
Muy lindo el Paraná. Botecitos. Camalotes. Libélulas.

Mauro y Gonzalo, pasándola mal.

Como fuere, las puertas volvieron a abrirse para nosotros y con Martín avanzamos para situarnos en un rinconcito donde pudiésemos armar la mesa Rúnica. Estando yo en pésimas condiciones para hablar por mucho tiempo, le pedí a mi compañero que me cubra en la primera ronda de mesas. Tuve entonces la oportunidad, por primera y única vez de participar de una mesa en calidad de jugador. Ofició de anfitrión Diego, y mis compañeros de aventura fueron el mentado Sergio, Miguel y Agostina. ¿El juego en cuestión? Apocalypse World, un lujo. 
Sergio interpretó una zorra peligrosa, como no podía ser de otra manera. Miguel fue un psíquico destruye mentes, y Agostina un ángel, para cuidarnos las espaldas. Yo encarné un motero, de nombre Pappo. El escenario era básico, para poder encajar en la modalidad de mesas de 45 minutos: teníamos que rescatar a la hija de nuestro jefe apresada en un prostíbulo lleno de malosos. La típica princesa en apuros, pero con un giro oscuro y sucio digno de Apocalypse World. Diego se encargó de reflejar de manera muy fiel la atmósfera desesperanzada y cruel del juego con un lenguaje duro y parco. Con mis compañeros tejimos un plan simple: pagamos a un montón de putas para hacer una orgía en la habitación vecina a la que servía de celda sexual para la hija del jefe. Los personajes de Agostina y Sergio tocaron la puerta del malo maloso que retenía prisionera a la muchacha para crear una distracción. Antes de que sus personajes sufrieran el mismo destino (o peor) que el de la cautiva, mi personaje y el de Miguel entraron en escena abriendo la débil pared a escopetazo limpio.
Tiroteo, balacera, heridos por acá y por allá. Mientras las chicas nos cubrían desde la puerta y Miguel se aseguraba de que ninguno de los presentes se retobara, mi personaje avanzó hacia la muchacha presa, encadenada a una viga. El primer machetazo no la liberó. El segundo machetazo sí. O... bueno, liberó a la mayor parte de ella. Le corté la mano que tenía encadenada y ella se desvaneció por el dolor y el reguero de sangre. Nos fuimos tirando por la ventana mientras mi pandilla motorizada empezaba a calentar motores, lista para la huida. Y finalmente, como diría el Martín Fierro:


...de la indiada disparé, 
pues si me alcanza me mata, 
y, al fin, me les escapé 
con el hilo en una pata. 




Con las pilas recargadas, la voz un poco más descansada y la garganta repleta de miel ocupé mi lugar en la mesa Rúnica, mientras Martín se iba a dictar la segunda parte del taller de diseño de juegos de rol. En su sección se enfocó más en las mecánicas necesarias para reforzar aquellas premisas a las que arribamos en el día anterior. Más tarde me contaría que si bien la asistencia fue menor, eso se tradujo en un trabajo más personalizado con los que acudieron a la segunda parte. ¡Así que excelente! Desde ya invitamos a todos los que participaron a seguir adelante con sus proyectos y eventualmente entregarle al mundo un nuevo juego de rol.
Mientras tanto, en la mesa Rúnica... la verdad es que mis pilas se agotaron muy rápidamente. De hecho solo llegué a dirigir dos mesas, una con Fernando, Franco y no recuerdo quién más, y otra en la que se sumaron Gonzalo y Emanuel. La verdad es que a este punto ya estaba tan agotado que la memoria me falla y se me mezclan los recuerdos.
En ambos casos jugamos Estamos aquí para ver al malvado brujo Kormákur. En todos los casos la historia se inclinó hacia la comedia, y más específicamente la comedia burda homoerótica.
Quizás sea por el gran significado personal que tiene Emanuel para mí, siendo un amigo con el que comparto mesas por ya casi diez años (¡diez años!), que los recuerdos más profundos que guardo de esa tarde lo tuvieron a él de protagonista. La cosa fue más o menos así:



En Estamos aquí para ver al malvado brujo Kormákur los jugadores interpretan a seis personajes que dicen encontrarse en un lugar para hacer algo referente al infame mago. Algunos, como el Héroe lo intentarán matar. Otros, como el Diplomático intentarán hacer un trato con él. Otros, como la Dama pretenderán ganar poder de alguna manera. Todos los personajes muestran a los demás esta faceta, digamos, la cara visible del personaje. Pero a la vez, todos tienen una naturaleza oculta. Así, secretamente, uno de los participantes, por ejemplo, será secretamente un sirviente del brujo. Otro, será su amante. Alguno que otro será efectivamente quien dice ser... y uno entre todos los jugadores será nada más ni nada menos que el mismísimo Kormákur disfrazado.

¡Drama!
A mí me tocó el rol de la Dama, y en base a lo que otros fueron contando inventé la historia de que mi padre me mandaba a hablar con el brujo para ofrecerle una alianza contra la nación de la que provenía otro de los jugadores. Entre otros jugadores se estableció una relación de amo y siervo. Y un cuarto jugador, Emanuel, representó a un sádico diplomático que traía cien esclavos de tierras lejanas para ofrecérselos en regalo a Kormákur. Así que durante toda la partida el tema de los esclavos se volvió un chiste recurrente: el hecho de que las tierras lejanas quedaban a veinte años de marcha... sumado a esto, el dato que indicaba que al momento de partir en su viaje los esclavos eran miles y fueron muriendo... y tampoco se pueden obviar los usos insólitos que se hacían de los esclavos para las tareas más variadas.
Entre idas y venidas, entrevistas programadas con el brujo que no aparecía, tensiones entre personajes que desconfiaban de los demás, y un mar de esclavos exóticos, Gonzalo nos sorprendió a todos revelando su verdadera identidad: el malvado brujo Kormákur estaba finalmente presente entre nosotros. El personaje de Emanuel sufrió un cambio inmediato, de noble diplomático a servil lacayo, acompañando la transformación con gestos y voces despreciables.
Durante la narración fuimos dotando a Kormákur de poderes sorprendentes, como la capacidad de vomitar oro cada vez que incurría en la sodomía. Sí señor, así terminó mi tarde de Rosario Juega Rol: entre magos sodomitas y esclavos denigrados.
El juego nos divirtió muchísimo, y finalmente tuve la oportunidad de compartir una mesa con Gonzalo, que era una de mis cuentas pendientes. ¡Tacho un rosarino de la lista, y quedan decenas más!


A la derecha, abajo, nos ven a Martín y a mí en la mesa Rúnica compartiendo una partida de Kormákur con Franco.

Pegando la vuelta
Recuerdo cuando era chico y mis padres me llevaban a los fichines. Era un momento de enorme excitación y alegría, y cuando tocaba volver a casa explotaban los berrinches y la tristeza. Era difícil dar el paso de un medio de tanta felicidad a la vida mundana. No hay forma de lograr una transición cómoda.
Algo similar sentí cuando levanté las cosas de la mesa Rúnica, y mis amigos me dijeron que era hora de irnos. Intenté escuchar algunas palabras de la charla que Gonzalo estaba dando sobre campañas sandbox. Tuve un momento de charla amena con Plober mientras juntaba las cosas de Pinsilvania, y pude compartir un mate con él y su novia. También estreché un abrazo con Duamn e intenté agradecerle de alguna forma que estoy seguro quedó corta por el espacio y la amistad que nos regalaron. Pero todo eso fue a las apuradas, todo tuvo sabor a poco, y me quedaron mil cosas que hacer. Mucha gente que saludar, muchas manos que estrechar. Irme de Rosario Juega Rol fue como arrancar una curita lentamente.
Pero bueno, no hay otra, todo lo bueno termina, y si sentí esa desazón a la hora de retirarme fue precisamente porque la experiencia fue completa y absolutamente hermosa desde principio a fin.
Tengo entendido que momentos más tarde se hizo el cierre del evento, con sorteos y saludos de despedida como corresponde.
Los cinco llaneros avanzamos con el sol en los ojos hacia nuestro corcel mecánico, y después de una parada para cargarnos de sándwiches y algo para tomar, nos despedimos de la ciudad de Rosario con Pixies sonando en los parlantes.

Duamn y Plober, los dos grandes organizadores y coordinadores en el cierre de Rosario Juega Rol 2014.


Conversaciones ruteras
La verdad, estábamos todos bastaaaante destruidos. El que no había dirigido cinco o seis mesas había dado dos o tres charlas (y dirigido dos o tres mesas), y el que no había hecho eso había manejado 600 kilómetros o se había quedado estudiando hasta tarde. Los cinco estábamos medio zombis.
La noche fue amigándose a la ruta, y las lucecitas de los caseríos nos invitaban a unir los puntos trazando un horizonte invisible.
La ruta iba ligeramente cargada en un principio. Pesadamente embotellada hacia mitad del viaje. Y algo más fluida hacia el final. El pobre de Ezequiel quería llegar y nada más, y cada pisada de freno venía aparejada de una puteada. Para colmo a los cincuenta kilómetros de dejar Rosario nos llevamos puestos el presunto cadáver de un presunto animal. Estaba todo muy oscuro y estábamos todos muy cansados como para tener remilgos morales. Duplicábamos la oscuridad exterior en el interior, se podría decir.
Para levantar un poco, Ezequiel nos quitó a los Pixies de las manos y puso su disco de Social Distortion.
Entre los postes de luz que pasaban a paso lento a nuestro costado iluminando la ruta surgió una charla interesante. Les pregunté a los chicos: "¿Qué es lo que más te gustó y lo que menos te gustó de Rosario Juega Rol 2014?" Mi memoria no me asiste para recordar absolutamente todo lo que dijimos, pero hago un punteo rápido de los pro que tengo más presente:
  • Martín disfrutó muchísimo de su charla con Mauro en el Chori Rol, donde charlaron de teoría rolera, diseño, juegos... todo esto mutuamente sin saber con quién estaban hablando.
  • Patricio pudo retomar contacto con Gabriel, un amigo con el que había estado distanciado.
  • Emanuel se plegó en el goce social, volviendo a ver caras conocidas que hacía mucho tiempo no veía.
  • No recuerdo bien qué fue lo que más le gustó a Ezequiel. Una pena. Lo vi bastante entretenido en el Chori-Rol, así que me arriesgo a que aaalgo tuvo que ver ese momento del evento.
  • Por mi parte, disfruté muchísimo del taller de diseño y la oportunidad de compartir los juegos que hicimos y tradujimos con los chicos de Rúnica. Me sentí muy acompañado por una comunidad hermosa y me dieron muchísimas ganas de seguir haciendo cosas para ellos.
Y bueno, después hablamos de lo que menos nos gustó de Rosario Juega Rol. Porque no todo puede ser bueno, ¿no? Más o menos...
Fue muy loco ver cómo todos coincidíamos, palabras más, palabras menos, en una misma observación: lo peor fue no tener suficiente tiempo para charlar con más personas. A todos nos hubiera gustado hablar con Fulano, compartir una mesa con Mengano, conocer un poco más a Sultano. También notamos que terminamos la jornada muy agotados. Yo quedé sin voz, Patricio tuvo que suspender sus últimas mesas de Dungeons & Dragons.
En definitiva, con todo lo intenso que fue el fin de semana, nos quedó chico. Es una contra con la que no se puede hacer demasiado... la organización detrás de Rosario Juega Rol 2014 fue impecable. La buena onda de todos chicos que se acercaron a la convención fue insuperable. Tanta energía nos consumió, nos agotó, nos rebalsó. 
¿Qué se puede hacer con eso, más que disfrutarlo?


De espaldas, Mauro. A su izquierda lo ven a Gonzalo, que está tapando a Gabriel. Atrás de la botella lo encuentran a Emanuel, sentado junto a Gastón. Luce su cresta Sergio, y se abanica Juan, que a su diestra tiene a Ezequiel... ¿Y Patricio?

¡Acá está!

Llegando a lo Kano

Y vamos acercándonos al final del relato... Un pavimento conocido acariciaba las ruedas, y sinceramente nosotros ya no teníamos más para dar. Social Distortion intentaba llenar el silencio, pero básicamente éramos cinco tipos cansados con ganas de llegar y punto.
Paramos en una estación de servicio para cargar combustible y hacer las últimas cuentas y repartijas de dinero. Cuentas claras conservan la amistad.
En estas transacciones, apelando a lo directo y frío de los cálculos, surgió el último meme del viaje. Instituimos así la frase "a lo Kano", haciendo referencia a un personaje de Mortal Kombat, un clásico viejojuego de principios de los noventas, cuyo movimiento especial al finalizar un combate consistía en meter la mano en el pecho de su oponente y arrancarle el corazón para exhibirlo a los cuatro vientos, mientras aún latía.



La frase nos regaló un par de risas más que nos permitieron llegar de mejor humor a nuestros cuarteles generales en la casa de Ezequiel. Nos dimos los abrazos de rigor, despedimos al gato antisocial del anfitrión y conductor, y nos dispersamos cada uno hacia su propio punto cardinal,  no sin antes decirnos que teníamos que repetir el viaje en el 2015.
Allí estaremos, subiéndonos al auto a lo Kano, quemando un nuevo Compiloco a lo Kano, devorando los 300 kilómetros hacia Rosario a lo Kano, y jugando rol de la mejor manera posible: ¡a lo Kano!

Y por último...

Se siente muy extraño que llegando al final de dos largos artículos consecutivos sobre un tema le quede a uno algo por decir. Y sin embargo es así la cuestión. Hay algo que no termina de cerrar sobre Rosario Juega Rol 2014. Algo que permanece ahí, latiendo. 
Es una mezcla de añoranza, de gratitud, de ganas de duplicar lo vivido en nuestros pagos, de ganas de que no se termine.
Dejar Rosario Juega Rol atrás me deja un vacío, una inercia que da muchas ganas de convertir en nuevos proyectos. En clubes por distintos puntos de Argentina que emulen la organización de Sierpes del Sur. En eventos que junten aficionados a un mismo hobby y los transformen en auténticos amigos.
Los chicos de Rosario, además de un excelente evento rolero, nos regalaron a todos los asistentes ese empuje para transformar la escena de los juegos de rol y difundirla, mejorarla, reventarla.
Así que desde Runas Explosivas, les agradecemos enormemente el lugar que nos dieron, en su club y en sus corazones, y esperamos con ansias volver a verlos. Y tal vez poder contribuir con nuestro granito de arena para generar con otros miembros de la comunidad un evento en Buenos Aires que nos permita devolverles un poquito de todo lo que nos brindaron.
Agradezco también a los lectores que me acompañaron en este relato tal vez demasiado personal, pero completamente honesto y hecho con todo el amor que la comunidad rolera rosarina me contagió en lo que fueron los dos mejores días lúdicos de mi vida.
¡Saludos! ¡Y nos vemos en Rosario Juega Rol 2015!

¡Puntos extras para los que encuentren a Patricio descuartizando a un goblin!

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