Cuentacuentos: Steam Powered

17.12.14

Cuentacuentos: Steam Powered



El famoso club recibió a Steve, policía de civil, con un grito que descendió desde uno de los pisos superiores del edificio, a la vez que un cuerpo caía, y se interrumpió cuando éste se dio con el suelo en un golpe que se sintió muy seco. Steam Powered no hacía nada por disuadir sus sospechas cuando uno de sus colegas lo llamó para ayudarlo a investigar (de manera privada) la desaparición hace unas semanas de su hijo, quien frecuentaba este lugar. Steve debía investigar de incógnito: Steam Powered mantenía muy bien pagos a los policías de ese suburbio como para que su carnet y pistola reglamentarias tuvieran algún valor allí. Será una aventura, lo que pensé que sería ser policía cuando recién entré a la fuerza, trató de autoconvencerse mientras se ubicaba al final de la cola que empezaba en la entrada: punks, rastas, hippies, raps, neokis, la fila destacaba por su diversidad, y desde adentro llegaban luces de todos los colores y una masa de ruidos tan intensa que parecía a punto de desintegrar el edificio, anterior a la renovación del 2038.

Con numerosos pisos y habitaciones, el club no parecía dejar a nadie insatisfecho: proyecciones alucinógenas en paredes para los yonkis, drogas exóticas y peligrosas traídas de sudamérica para el aficionado a los "deportes" extremos, terminales sensoriales en el sótano para los que disfrutan de la noche sin salir de su casa, un piso entero dedicado a la cultura retro para los nostálgicos. Y drogas, drogas de todo tipo. Sarah, la dueña del club, compró un edificio casi abandonado y en penoso estado cuando el suburbio entero fue privatizado (sería el primero de muchos), y en pocos años lo convirtió en una leyenda que incluso atraía a algunos turistas europeos que acudían al club a filmarse mientras eran robados.


Una de esas leyendas concernía a la desaparición de Shiv. Historias de secuestrados para ser torturados, de ejecutivos (o hijos de) pervertidos que pagaban por verlos y escucharlos gritar mientras tomaban sus tragos. La sofisticación a veces deriva en esas cosas.


Después de unos minutos de espera, Steve estaba apartando adolescentes en la planta baja para llegar a las escaleras, mientras los bajos de lo que sonaba lo hacían retumbar junto con toda la estructura. A su izquierda, un vj proyectaba hologramas desde una plataforma. A su derecha, una pandillita había tomado posesión de la otra plataforma. No costaba mucho descubrir los grupos vestidos uniformemente, transmitiendo información y librando las pequeñas guerras por territorio y status en las que Steam Powered  abundaba. Con uno de esos grupitos debería comunicarse esa noche, con un tal Chihir en el primer piso.



Luego de ascender por unas escaleras con las paredes repletas de graffitis (era tan obvio que en las escaleras habría graffittis), el segundo piso lo recibió con trance enfermizo y repetitivo. Creía que esta mierda había muerto hacía 15 años, pensó mientras observaba intentos de revival hippie bailar en torno a una extraña máquina de la que surgían muchos tubos. En un momento, la música paró mientras varios voluntarios conectaban los tubos de la máquina a sus nucas, y algunos empleados del club, de negro, apartaban a la gente hasta liberar un perímetro en torno a la máquina. Pronto empezó a surgir música de vuelta, pero esta vez brotaba de la máquina, y algunos de los conectados estaban quietos mientras otros se movían de forma extraña (aunque un empleado los ordenaba con un palo para que no se enredaran los tubos). Alguien le debió ver la cara, porque se puso a explicarle de una máquina que drogaba y generaba música a partir de la energía de los conectados. Fruta, el trance que sonaba ahora no era muy diferente al anterior.

No encontró a Chihir, pero sí a un grupito punk, todos con esas "tinturas de piel" de amarillo, los "hijos de Chernobyl". Llegar, hablar con ellos un rato con la excusa de querer comprar, separar a uno sutilmente del resto e interrogarlo en la escalera, lejos de su grupo. Parece que Shiv estuvo un tiempo con ellos, pero no tenía lo necesario para entrar a la orden amarilla y al final lo echaron por blando. Lo único que sabía el interrogado era que luego lo vieron rondando el último piso, y hace algunas semanas un viejo llamado JosXi, uno medio loco de ese piso, se apareció para preguntar por Shiv una única vez.


El tercer piso era una mezcla con bolas de disco, camisas hawaianas y disfraces de sci-fi de los 50. En la entrada, una chica con un brazo mecánico detrás de un mostrador alcanzaba a los que salían de la escalera celulares del estilo antiguo. Habían reconstruido, para ese piso, la antigua internet, y varios acudían allí sólo para jugar a reconstruir ese pasado. Los snobs bailaban en el centro, pero seres raros sentados o parados frente a computadoras antiguas ubicadas en las paredes debían pasarse horas y horas allí, creándose un mundo paralelo.


Uno de ellos era JosXi, quien no despegó los ojos de la pantalla para hablar con Steve en ningún momento. Costó muchísimo hacerlo, tuvo que estar un buen rato siguiéndole la corriente con sus divagues del edificio-organismo y el Nuevo Hombre. No reaccionó ante la mención de Shiv, pero al preguntarle Steve por los mitos de la tortura se puso nervioso. "El corazón está podrido, pero no así todo el organismo", o alguna rareza por el estilo. Tuvo que robar un longplay del dj que JosXi quería para su colección para que hablara de una vez: una zona que estaba en reparación en ese mismo piso, al pasar el pasillo camino al ascensor, ahí se reunían. Tenía que meterse detrás de las tragamonedas rotas que había contra esa pared, ir agachado hasta encontrarse con un pequeño túnel que luego de unos metros se abría a una habitación.



Ya al ir agachado Steve empezó a escuchar una colección de ruidos insoportable, que parecía resumir todo lo que era Steam Powered y comunicarlo sin ambigüedades. Al salir del túnel, apurado pues escuchaba a un patova detrás suyo que le gritaba, el policía vio esas cosas que sólo aparecen en creepypastas absurdos: una chica torturaba con variados instrumentos a un adolescente sujeto a una camilla, en el centro de la habitación no muy amplia. El dj parecía combinar su música con los gritos del chico, con su consola en una de las esquinas. Y 15 personas aproximadamente bailaban, algunos con máscaras de animales, otros no, de manera caótica al ritmo de los gritos y del ruido.

Un corto video que resumía todo esto mucho mejor de lo que yo lo pueda explicar llegó al archivo del colega de Steve y a la estación de policía por esos minutos. El cuerpo de Steve, no lo encontraron.

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º
Lo que hice aquí fue seguir, a grandes rasgos y con algunas licencias, la historia de uno de los pjs del playtest que dirigí de mi proyecto de juego ciberpunk. El juego consistió en la exploración del club, que consistía en 4 mapas (3 pisos + sótano) bastante sencillos, y fichas para los pjs, que se movían por él cumpliendo sus objetivos, y cruzando ocasionalmente sus historias (aunque eso no sucedió en este caso).

Algo interesante del escenario fue que me disparó muchísimo la creatividad pensar en un pequeño escenario ciberpunk, en lugar de imaginar un setting completo, detallarlo, etc. El grupo (y yo menos), casi no sabíamos nada del mundo exterior al club, y dejé en claro al empezar que el juego empezaba y terminaba allí, esa sesión y en ese lugar. Creo que desde el diseño hay mucho por explorar en potenciar narrativas más enfocadas y menos "crear pjs y explorar el mundo jugando infinitamente" (que también es una forma genial de jugar, obvio), y para ese lado quiero apuntar con este proyecto, o me gustaría poder crear un toolkit con el que producir escenarios como éste.

El otro elemento interesante fue el trabajo con la música que logré. Normalmente soy muy lazy con la música, pienso en algunos grupos interesantes para ambientar la sesión, y la cosa queda ahí. En este caso, cada piso tenía su propia música, como verán en los links que puse a lo largo del reporte de juego. Debe haber contribuido mucho que por esa época estuviera tan cebado con la electrónica, pero el resultado me ayudó, al menos a mí, a meterme mucho más en el escenario. Muchas veces no me preocupo mucho por ambientar correctamente una sesión, pero el poder de una canción bien elegida es inmenso. Tal vez sería hora de un artículo en Roleródromo con recomendaciones musicales.

Pero bueno, esto fue todo. Pueden averiguar más del proyecto ciberpunk aquí, aunque lo tengo dormido actualmente.

¡Nos vemos en dos semanas con otro reporte de juego!

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