Cuentacuentos: quemando la Tierra Media

14.1.15

Cuentacuentos: quemando la Tierra Media


Bienvenidos, runeros, a una nueva entrega de Cuentacuentos. Esta vez les contaré de una campaña de Burning Wheel que estoy dirigiendo, ambientada en la Primera Edad del Sol del mundo inventado por Tolkien.

Nota para los tolkiendili: me cagué en todo lo que pasó después de la Dagor Nirnaeth Arnoediad, y cambié algunas cosas del "lore" del mundo para poder usar las partes más divertidas del juego, que quizás no pegaban tanto con la onda del mundo tolkieniano.

Mapa del mundo en el que jugamos

Trasfondo de la campaña

Recientemente ha terminado la quinta gran batalla entre Morgoth, el Enemigo, y los humanos, elfos y enanos libres, en este caso coalicionados en la Unión de Mahedros.

Los resultados fueron terribles:

- la unión fue dispersada, los elfos desconfiaron de los hombres ante la traición de los orientales (salvo por las Tres Grandes Casas de los Hombres, aliadas con los elfos desde su encuentro).

- una fortaleza élfica fue tomada y destruida por las fuerzas enemigas.

- la región de Dor-Lómin y Brethil, perteneciente a los hombres que lucharon contra Morgoth, quedaron huérfanas ante la invasión de los hombres orientales luego de la victoria del Enemigo.

- el líder supremo de uno de los pueblos élficos, así como dos grandes líderes humanos, murieron en la batalla, y un tercer líder humano fue capturado por orden de Morgoth.

- los únicos lugares libres de la amenaza del Enemigo son Gondolin (cuyo rey se convirtió en el nuevo líder supremo del pueblo élfico mencionado antes), Norgothrond (un reino élfico subterráneo), y Menegroth (las Mil Cavernas, otro reino élfico, rodeado por el Cinturón de Melian, una especie de laberinto mágico respaldado por una especie de ángel encarnado).

Los personajes empiezan en una montaña solitaria, Amon Rûdh, rodeada por un ejército de orcos y un dragón.

Amon Rûdh

Los personajes

El Mesías

No tiene nombre. No tiene herencia. Busca la unión de todas las razas en una sola, busca la armonía final. Y sabe que puede hacerlo.

El Elegido es un humano que nació esclavo de los orcos, y cavilando su suerte encontró una forma de... digamos... chantajear al Creador. (Esta es la justificación para que pueda usar Faith, el sub-sistema de milagros religiosos, en este setting, y al jugador le encantó la idea, :B.)

Nagigoth, kinslayer

Líder y general de su propio ejército de orcos, quiere fundar un Imperio Orco.

Aquel Que Es Asesino De Su Familia es un orco muy ambicioso y tolerante, supuestamente libre del yugo de Morgoth. Su tolerancia es tal que es capaz de trabajar junto con dos humanos, El Elegido y El Mago, para lograr sus fines imperiales.

El Mago

Antiguamente un noble, buscaba dejar atrás su humanidad por amor a una elfa.

El Hechicero era un humano capaz de esgrimir la magia, en busca de una inmortalidad que le permita estar con su amada, la hija de Thingol, rey de Menegroth. Sabe que hay un ritual que puede hacer, para lo cual necesita restos orgánicos de dragón y de balrog (i.e.: especie de ángel caído, encarnado).

La primera sesión

Amon Rûdh estaba sitiada por un dragón volador y por miles de orcos; dentro de ella se encontraban cinco elfos, cuarenta hombres, treinta enanos y 200 orcos, bajo el mando de Nagigoth.

El dragón volador

Los enanos que se encontraban allí eran de la peor calaña: enanos mezquinos. Uno de ellos ofició, contra su voluntad, de guía para los PJs y dos guardaespaldas de Nagigoth; los traicionó en el camino, y terminó destripado por los orcos en consecuencia. El grupo siguió subiendo por el pasadizo hasta encontrar una cámara donde estaban reunidos varios enanos, discutiendo cómo sería mejor pactar con el dragón para sacar a todos los invasores de su montaña. El grupo huyó para encontrarse con el ejército y volvieron más tarde, sin el Elegido, para acabar con todos los enanos. La batalla fuer cruenta, pero los enanos terminaron masacrados, sobreviviendo apenas quince.

Mientras tanto, el Elegido tuvo que ir con los elfos para evitar un encuentro entre éstos y los orcos, y luego investigó una presencia oscura que sentía en el lago bajo la montaña, junto con algunos orcos que lo acompañaban.

De repente, toda la montaña empezó a llenarse de un vapor insoportable, asfixiando, deshidratando y cocinando a quienes se encontraban dentro. Los PJs huyeron, salvo el Elegido que fue a investigar y cayó, vencido por el gas.

Al ver que no salía, Nagigoth entró a la montaña para sacarlo, lográndolo a duras penas. Al salir, se encontró con que su ejército se acobardaba ante el acercamiento del dragón volador a su posición, lentamente, como gozando del efecto que su inmensa y aterradora presencia causaba en quienes lo veían.

El gran gusano

El orco logró poner en orden a sus ejércitos y se prepararon para enfrentar al dragón, cuando vieron un segundo dragón, un gran gusano, salir de la montaña; rodeados, no les quedó otra que enfrentarse como pudieron ante las amenazas.

Justo a tiempo, el Mesías recobró la conciencia y, mediante un cántico-plegaria a el Único logró paralizar a los enemigos el tiempo suficiente como para permitir que una lluvia de flechas acribillara a los enormes enemigos.

Esto fue un fallo en mi interpretación de las reglas, dado que los dragones deberían haber tenido mucho más poder que el que les dí; pero fue tan épica la ficción que decidimos seguir adelante con eso.

La segunda sesión

El Mesías descubrió que el gran gusano era en realidad tres balrogs que encarnaron en un cuerpo, antes atrapados en una reliquia en el fondo del lago bajo Amon Rûdh; se liberaron cuando él se acercó para investigar.

Fue consecuencia de un fallo en una tirada de Faith, según recuerdo. No está bueno fallar en Faith cuando sos el Mesías, y sobre todo cuando los milagros que tu dios te otorga son a regañadientes...

Los orcos que habían seguido al dragón decidieron unirse a Nagigoth por haber vencido a dos dragones, hazaña nunca antes vista, con lo que su ejército personal creció de 200 a 5000.

El Mago decidió quedarse con ambos corazones, y preservarlos para cuando tuviera la sangre de balrog suficiente para hacer su ritual de inmortalidad. Luego, todos los orcos se dieron un gran banquete con la carne de los dragones, y todas sus partes aprovechables se aprovecharon.

Pero el banquete no fue una gran idea. Al día siguiente, varios orcos amanecieron muertos por la indigestión, y tanto el Mesías como el Mago estaban levemente poseídos por dos y un balrog, respectivamente, dado que los balrogs no pueden morir en tanto son ángeles caídos (aunque pueden ser separados de sus encarnaciones matando a esos cuerpos, que es lo que sucedió).

Decidí que esto cambiaría un belief de cada quién, que a partir de ese momento definiría yo.

Los orcos pronto empezaron a matarse en disputas, pues era un ejército muy grande como para controlarlo fácilmente, y los orcos están hechos de odio. Nagigoth decidió hacer un torneo para definir al orco más poderoso, para dejarlo a cargo de parte del ejército mientras él marchaba con los demás al norte, a Angband, para matar más balrogs y liberar a los orcos que pudiera para que se unan a su causa de forjar un Imperio Orco.

Así que poco tiempo después la mitad del ejército que sobrevivió al banquete de dragón (1000 orcos que se quedan, 1000 que parten) marchó a Menegroth; en los lindes del bosque tuvieron un parlamento con los elfos que custodiaban los límites, y por suerte y diplomacia pudieron pasar, guiados por los elfos, y cruzar por el camino más corto al norte.

Menegroth, las Mil Cavernas

La tercera sesión

En el camino a Angband se encontraron a un viejo y 6 niños que jugaban con él. Sin siquiera preguntar, la lluvia de flechas comenzó, y tanto el viejo como los niños se revelaron como balrogs que pretendían engañar al ejército para infiltrarse y corromperlo desde dentro. Gracias a los cánticos-rezos del Mesías, la poderosa magia del Hechicero, y la asombrosa fuerza de Nagigoth, y sobre todo a una suerte inconmensurable, los balrogs fueron derrotados en una épica batalla, dejando herido de muerte al Mago y de gravedad al Elegido.

Otra vez un error mío de interpretación de las reglas; los blarogs deberían haber estado stateados en W8, no en B8 como yo había pensado. De todos modos, lo dejé pasar, y nos divertimos mucho con esa escena en particular, :B. La grasa, por supuesto, chorreaba más que de un choripán de la costanera.

El ejército decidió acampar para atender a los heridos, y seguimos con escenas oníricas para cada personaje.

Nagigoth soñó con una elfa, que clamaba haberse equivocado. Luego de un corto y suspicaz intercambio de palabras, descubrió que era la enamorada del Mago, y despertó cuando la elfa, llorando, desapareció de su sueño.

Por su parte, el Elegido se vio en una escena peculiar: al norte veía la sombra de un poder inmenso, probablemente Morgoth, que sonreía, mientras del oeste veía una luz pálida que le hablaba de su destino y del de su amigo, el Hechicero, cuya alma estaba en crisis, intentando separarse del alma del balrog que lo poseía para poder partir a donde sea que los humanos partan cuando mueren. La decisión le correspondía a él, y decidió dejar a su amigo partir.

El jugador del Mago decidió que no le había gustado el juego y no quiso seguir con la campaña; después de esa sesión, en parte por eso, dejamos de jugar por un tiempo, y recién retomamos hace poco.

Volviendo a Nagigoth, despertó en medio de un motín dentro de su ejército, al descubrir que los esclavos, con obligaciones relajadas gracias a las previas intervenciones del Mesías en su favor, habían huido. Nagigoth logró reunir un séquito de 6 orcos a su alrededor, más Pucho, su gran lobo preferido; decidió abrirse paso hacia la tienda de los heridos para salvar o bien al Elegido o bien al Mago, o bien a ambos.

La sombra de Angband

La cuarta sesión

Esta quedará para otra vez, pues el artículo se me ha hecho largo. Lamento la parca calidad literaria del mismo, pero se me hubiera hecho interminable de haber narrativizado lo que sucedió de manera comprensiva. Espero que, aún así, lo hayan disfrutado, :).


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