Cuentacuentos: el sacrificio

25.2.15

Cuentacuentos: el sacrificio


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Los mensajes le llegaban como una interferencia, una vibración desde lo más profundo que se abría paso por su cuerpo, descomponiéndolo un poco. Otro mensaje de Khalgalod, presionándolo. Sus palabras venían de un mundo que latía debajo del nuestro, donde el poder fluye en su forma más descarnada y real. 

Muestra tus colmillos, come al de adelante, explota en mil formas y extiéndete como una plaga.


Esas interferencias, que dolían y causaban placer por igual a Omar, eran el único precio hasta ahora por el poder que sentía en sus manos, en sus ojos y boca y en todo su cuerpo.  Mensajes sobre sacrificios y llevar a compañeros de su escuela al bosque, a los que no había prestado atención hasta ahora.

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Pero el dolor se hacía más intenso día a día, y explotó la noche en que Omar ayudaba a Ariel a investigar esa mansión cerca del lago. Con esas interferencias, Khalgalod el carnicero le hizo saber que su cuerpo le pertenecía, para parcelarlo y rearmarlo a gusto, y le mostró visiones de su antiguo cuerpo y ser, antes de las 30 pastillas y el tic tac del reloj escuchado desde la cama.

El poder es un flujo, una red de intercambios, y tú estás en deuda, Omar. Es hora de que crezcas y te hagas cargo de tus palabras, y de que tengas memoria. Tu pasado, tu irrelevancia, pueden volver algún día, si no sabes apreciar lo que te ofrezco.

Y luego frío, mucho frío. No más interferencias, lo que significaba no más poder, no más equipo de fútbol y admiración y el deseo ajeno avivándolo como a una llama que crece.

Omar dio unos pasos hacia el escritorio de Gail, un chico bastante molestado en su curso, y le pidió que lo ayudara con la actividad de física. Al principio Gail no supo cómo reaccionar, pero pronto estaban hablando animadamente, y Omar no paraba de mirarlo. Lo estudiaba y evaluaba: qué decirle, cómo hacerlo mover según sus intenciones (el mundo está hecho de cuerdas). Gail cedió rápidamente: cuando estaban devolviendo algunos materiales al laboratorio, Gail se acercó y lo besó: vayamos al bosque en la hora libre que tenemos ahora, por favor. No me siento cómodo acá, con tanta gente.

 
Y estaban en el bosque. Todo vibraba al ritmo de esa interferencia tan característica (salvo el cuerpo de Omar), hasta Gail vibraba bajo su mano mientras c╗aminaba∂n, le pedía que incorporara su esencia al mundo, que lo esparciera.

Estaban en el sitio ≈m■arcado para el sacrificio, pero Omar quiso probar coger, sentir esa energía, antes de matarlo. Desabrochó el jean de Gail, pero No, pará, no me toques ahí, no quiero, esper☻☻á; antes de hacerlo, volvⱥmos de la mano a la escuela, que odos sepan que andás conmigo, que nos vean.

El sue[[lo vibraba tanto que╠ parecía que todo se iba a desha♫cer y♦♦ reform_arse. El bosque era una masa de interferencia y vibraciones, y la voz de G▒ail con sus exigencias molestaba, estaba de más ahí. Omar buscó en su mochila la pistola y la sacó; su cuerpo entero trans∞piraba muchísimo pero por fin, ⌠sí, vibrando al ritmo que ya lo impregnaba ▲t▲odo, a medida que la alzaba y apuntaba:

El tiempo y la vida se me escapan╘╗ de las manos, Gail, y tengo que andar escuchando tus estupidec♂♂♂es, basta. Lo sie#¨¨nto muchO, pero otros sabrán darle un mejor uso a la energía que estás desperdiciando▓▓▓▓

¿Era él quien hablaba, u otro ser ya? Cerró los ojos un instante antes de disparar, pero la mirada de terror de Gail lo perseguiría por  mucho tiempo.


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Lo anterior fue un fragmento de una sesión bastante reciente de Monsterhearts, un juego hermoso sobre monstruos adolescentes basado en Apocalypse World, y una de mis primeras experiencias sumamente satisfactorias como jugador (casi siempre fui GM). Fue la segunda sesión de la campaña, pero las cosas vienen escalando rápido, y mi personaje entró en su "darkest self", un estado en el que todo lo peor del personaje aflora a la superficie, al punto de que se vuelve casi un villano. Fue un momento de juego muy intenso hacer cosas similares a las que relaté recién. Es más, habrá otro post con algunas reflexiones sobre esta sesión, así que estén atentos al blog.

¡Hasta el viernes!

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