Cuentacuentos: TerraCon 2015

22.4.15

Cuentacuentos: TerraCon 2015


Este año tres de los cinco miembros estables de Runas Explosivas tuvimos el agrado de asistir a la TerraCon en Chile, y nos gustaría compartir nuestras experiencias y vivencias como hicimos el año pasado con Rosario Juega Rol (parte 1 y parte 2).

Vamos a repasar las cosas más memorables de nuestro viaje, incluyendo el reporte del evento desde nuestro punto de vista, pero también las situaciones previas y posteriores que lo acompañaron. Prepárense para algunos comentarios extra-roleros, y hagan el check-in con nosotros mientras intentar ver si llegamos o no a la convención rolera más grande de Chile.

La previa



Desde nuestro punto de vista, todo comenzó cuando un 5 de marzo leí en la casilla de correo electrónico de la editorial un muy cordial mensaje de Francisco Bustos comentándome que estaban coordinando la TerraCon, un evento de juegos de rol en Chile, y que nos invitaban a los miembros de EditorialRúnica (también autores de este blog) a participar del mismo en calidad de expositores. Podíamos hacer una videoconferencia desde la comodidad de nuestras casas, pero Francisco también nos abría la invitación para visitarlos personalmente en la TerraCon.

Yo (Juan), muy contento, copié y pegué el mensaje un poco a modo de broma en el grupo de Facebook con el que organizamos tanto este blog como la editorial, y les comuniqué la noticia a Martín y a Joaquín (mis socios de la Editorial) y también a Duamn y a Patricio (miembros de Runas Explosivas, que esperamos pronto peguen el salto para la Editorial). La idea era ver cómo podíamos hacer para coordinar la videoconferencia... hasta que en un chateo muy casual con Patricio me hizo caer en la realidad: “Boludo (vocativo común en Argentina), te están invitando a Chile, tenés que ir”. La contundencia de la frase de Patricio me trajo a tierra, y recién entonces me di cuenta plenamente de la gran oportunidad y el privilegio que se tendía ante nosotros. Teníamos que hacer ese viaje, sea como sea.

Así fue como, ya con Chile en nuestra mira, cada uno de los miembros de Rúnica hicimos los arreglos correspondientes. Averiguamos los precios de los pasajes, dividimos los temas de las charlas entre los tres, y preparamos algunos materiales para llevar a la comunidad chilena. La idea era dar tres charlas y tres talleres. Una trataría sobre nuestros proyectos (principalmente el blog y la editorial) y lo que aprendimos en el camino. La idea era prender la mecha para que en Chile surgieran iniciativas similares. La siguiente charla trataría sobre el estado actual de los juegos de rol, sus temáticas, debates, posturas, métodos de financiamiento y teorías principales. Y por último, la tercera se enfocaría específicamente en cuestiones de diseño. Las repartimos de forma tal que yo daría la primera, Joaquín la segunda y Martín la tercera. Y entre charla y charla planeábamos poner en práctica algunos ejercicios de diseño en una especie de taller de creación de juegos. ¿Llegaríamos a tanto? Sigan leyendo, para enterarse.

En fin, Joaquín viajó a Buenos Aires desde Mar del Plata (unos 400 kilómetros, ni más ni menos), Martín consiguió el favor de su papá para llevarnos al aeropuerto internacional de Ezeiza, yo obtuve por obra y gracia de mi cuñado una generoso puñado de monedas chilenas, y entre todos nos frustramos y sufrimos intentando hacer el check-in por Sky Airlines. Una experiencia mágica, que recomiendo evitar a quien sea. Llegado el día del viaje nos encontramos en la casa de Martín y rato cayó nuestro chofer voluntario. Con un Buenos Aires lluvioso, pegajoso… horrible, nos encaminamos al aeropuerto. Estábamos un poco justos de tiempo, es verdad, pero ¿qué tan mal podían salir las cosas?

Bastante mal.

Surcábamos la autopista entre charla ñoña y charla ñoña, despidiéndonos de la humedad porteña, cuando el papá de Martín nos dijo: “Tengo que bajar acá, nos quedamos sin batería.” ¡Terror! Bajamos como pudimos de la autopista y en el límite de la ciudad nos dividimos para buscar taxis, remises, carrozas fúnebres, mulas de carga, ¡lo que sea! El reloj avanzaba, nuestro avión salía a las 22, y una hora antes nosotros estábamos varados vaya uno a saber dónde esperando que algo con ruedas nos pase a buscar.

Finalmente un taxi apareció, le pegué el chiflido, me subí y pasé a buscar a los chicos, que estaban en una estación de servicio viendo si encontraban algún otro medio de transporte. Dejamos al papá de Martín al costado de la ruta, sin batería, pero así y todo logramos llegar al aeropuerto con los minutos contados, con Martín sin haber hecho su check-in, y con la humedad de un Buenos Aires que se negaba a dejarnos escapar.

¡Prepárense para una metralleta de fotos con horrible resolución!
Cortesía de la cámara de mi teléfono de baja gama.
Juan - Joaquín - Martín

¡Todos a bordo!



Ya arriba del avión tuvimos la oportunidad de ver las venas de luz de la Buenos Aires nocturna. Como era el primer viaje en avión de Joaquín, le cedimos la ventanilla… ¡somos unos tiernos!

A todo esto, a pesar de hacer todo a las corridas, sin check-in previo ni demasiada idea de nada, terminamos viajando sentados los tres juntos. Eso nos permitió ñoñear de lo lindo, charlar con una profundidad que, al vivir los tres a tanta distancia geográfica, pocas veces pudimos lograr. En algún punto del viaje Martín nos mostró su última versión de Fiesta, un juego en el que está trabajando desde hace unas cuantas semanas (o años, si consideramos que se trata de un proyecto viejo que decidió revivir hace muy poco). Juntos hicimos algo que idealmente siempre deberíamos hacer: leímos juntos el texto, lo editamos entre todos, propusimos cambios y mejoras. Algo muy lindo pasó arriba de ese avión, y espero que se note en la versión definitiva del juego de Martín.

Juan - Joaquín

Entre Buenos Aires y Santiago de Chile hay menos de tres horas de vuelo, así que entre charla y charla el viaje se nos fue… bueno… volando (¡!). Bajamos del avión y, ¡sorpresa! casi pasamos el control de Aduana por no saber adónde nos íbamos a albergar. Además, Martín mencionó el término “juegos de rol”, y tuvimos que ponernos a explicar qué onda con eso. Un par de chistes con la persona que nos estaba tomando indagatoria, y salimos del aprieto. Unos momentos más tarde nos recibía con los brazos abiertos Pía, la hermana de nuestro anfitrión, junto a su novio. Tuvimos así nuestro primer contacto cara a cara con una miembro de la comunidad rolera chilena. Espléndidos y maravillosos, los chicos. Subimos al auto, y recorrimos la noche de Santiago intentando capturar algunas postales que la oscuridad nos regateaba. Las primeras impresiones nos daban algo muy similar a nuestra tierra natal, con la excepción del contorno de las montañas moldeando el horizonte. Pía nos comentó que ella había viajado a Buenos Aires, y nos confesó la extrañeza que generaba para ella ver un paisaje sin montañas.
El paisaje urbano pasó de fabril a comercial, y de comercial a suburbano. Llegamos entonces a un barrio de hermosas casa bajas, con una arquitectura despojada de antaño, casi imitando lo colonial. Bajamos del auto y tuvimos el gran, gran placer de saludar a Sergio, quien nos iba a hospedar en su casa por estos días.
Nuestro arribo no podría haber llegado en mejor momento: Sergio estaba terminando de comer un asado en el fondo de su casa, escuchando música con unos amigos. Agradeciendo la gentileza nos sumamos a la comilona, y después nos integramos a la charla con un grupo excepcional. Rarísimo: resultó que todos éramos profesores, o estábamos en camino a serlo. Predominábamos los profes de lengua y literatura, pero también los había de inglés, historia y hasta de religión. Me sorprendió que sonara la música de los Fabulosos Cadillacs, una banda argentina de ska. Asado y rock: estamos en casa.
El viaje, el cansancio y el pisco (célebremente ofrecido y descripto en su composición y origen por el profesor de religión) empezaron a hacer mella en nosotros, y saludando a la concurrencia nos retiramos a dormir, listos para comernos la TerraCon al día siguiente.

Ska!

Buenos días, Santiago



La mañana completamente despejada y seca de Santiago de Chile contrastaba con nuestra última noche húmeda y lluviosa de Buenos Aires. Nos despertamos relativamente temprano, para llegar al evento a primera hora, y un poco zombies por las pocas horas de sueño cumplimos con los deberes básicos de la civilización: cepillado de dientes y lavado de cara. ¿Preparamos todo? ¿No nos dejamos nada? ¡Listo, vamos a la TerraCon muchachos!


En el fondo, los autores de este blog también son humanos.

En el medio del camino, con algunas de las monedas que llevé compramos algo para tomar a modo de desayuno y fuimos pidiendo instrucciones a la gente. Todos muy amables. Hicimos una caminata de quince cuadras, o tal vez más, recorriendo un barrio de calles amplias y casas muy viejas. Cada bocacalle era una postal, y la luz de la mañana empezaba a calentarnos amenamente el cuerpo haciendo de toda la experiencia algo genial.

Joaquín - Martín

Cuando llegamos a la estación de metro (me costó muchísimo adaptarme y decir metro en lugar del “subte” argentino) de Los Héroes desenfundé nuevamente las monedas y entramos al sistema de transporte público chileno. A Martín le sorprendió la forma en la que constantemente se daban indicaciones y sugerencias del estilo “no arroje papeles en el piso”, o “no obstruya las salidas”. Tenemos que agradecerle al sistema de información del transporte público de Chile, porque gracias a él logramos bajarnos frente a la Universidad de Santiago de Chile, donde se iba a celebrar la TerraCon.
Claro… lo que sucede es que la Universidad de Santiago de Chile es GRAAANDE. No teníamos ni la más pálida de las ideas respecto a dónde se celebraba el evento, y a nadie de los que preguntamos parecían tener idea. No habíamos tomado nota del lugar específico en donde iba a tener lugar la TerraCon, lo cual tampoco ayudaba. Buscamos informes, centros de estudiantes, patios, etc… No encontramos nada, pero por lo menos pudimos recorrer el predio universitario, que es una pinturita. Tiene un diseño clásico de panóptico con un estilo colonial. Muy siglo XVIII. Ok, se fundó en el siglo XIX, pero es máaaas o menos lo mismo. Lo importante es que a Foucault le hubiera encantado. Ah, y que estábamos perdidísimos.
Nos logramos contactar con uno de los chicos del centro de estudiantes y, luegos de que Joaquín haya obtenido las coordenadas usando un servicio de roaming que seguro van a terminar de pagar los nietos de sus nietos, nos ayudó a encontrar el sector donde opera el Sistema de Bibliotecas de la Usach. Martín conserva el nombre del estudiante en la memoria, así que… ¡Gracias Diego! No podríamos haber asistido a la TerraCon de no ser por tu ayuda.

¡Llegamos a la TerraCon!



Como fuere, llegamos al sitio, empezamos a divisar el fenotipo rolero universal, e hicimos nuestro ingreso por la puerta grande, credencial en mano. ¡Llegamos a la TerraCon, señoras y señores!


Juan - Martín - Joaquín

Adentro, nos encontramos con un espacio magistralmente organizado. A nuestra derecha, un grupo de imponentes mesas con minis y escenografía típica de los wargames. Más hacia el fondo, un salón enorme dedicado a eurojuegos ya clásicos como Carcassonne, Ticket to Ride y Munchkin. Dando la vuelta, comenzando a formar un círculo encontramos una serie de espacios amplios y cómodos separados por paneles dedicados a mesas de juegos de rol. Y cerrando el círculo, muy cerca de la entrada, una serie de stands con juegos de cartas tácticos. En el medio de este amplio círculo se encontraba una sala de cómputos, donde los chicos de Roleros.cl estaban comenzando a coordinar la TerraCon. El sistema que emplearon para hacerlo fue muy similar al de los carteles que anuncian vuelos en los aeropuertos (ahora que somos top y viajamos en avión, nos damos el lujo de ejemplificar con elementos de ese entorno). En una grilla se informaba qué juego se estaba jugando, a qué hora comenzaba, quién lo dirigía, cuántas plazas tenía disponible y si ya estaba abierta la inscripción o no. Impecable.


Fue entonces cuando de entre los organizadores vimos por primera vez a Francisco Bustos, el rolero que había extendido su amabilidad a lo largo de toda la cordillera, y la pampa, desde Santiago de Chile hasta Buenos Aires para invitarnos a participar de este evento. Emocionadísimos nos saludamos, y estoy convencido de que mis palabras no fueron suficientes como para expresar mi agradecimiento.

La emoción no me dejó hacer foco...
Francisco - Juan

Alegría, jolgorio, albricias y júbilo. ¿Vamos a jugar? Sí, saquemos las cosas. ¿Dónde están las cosas? ¿Dónde metí las cosas?... Boludo, ¡me olvidé todo en lo de Sergio!
Todo, todito todo. Los juegos, los dados, los folletos para repartir entre la concurrencia… ¡todo!
Que grandes los chicos, Martín y Joaquín, que me supieron contener y tranquilizarme. Son lo más grande que hay… después de Francisco! Porque, ni lento ni perezoso, Francisco nos consiguió un lugar donde poder imprimir lo mínimo indispensable para largarnos a las mesas. Ahí César nos dio una mano con toda amabilidad, y de paso nos hizo un breve tour por los dungeons de la Usach. No hay mal que por bien no venga, dicen. Así que, un poco más tranquilos, con nuestros juegos en mano, nos dimos de alta en la central de cómputos y nos fuimos al sector indicado esperando que cayeran víctim…¡jugadores!
Llegan los señores diseñadores de juegos
Martín - Joaquín


Noise&Roll
Martín - Joaquín, con mucha actitud

Las mesas rúnicas



La primera mesa que se armó, creo recordar, fue la mía. Jugamos una partida completa de Poltergeist, un juego de mi humilde autoría. A diferencia de lo que nos contó hace unas semanas AlephPerth, esta sesión duró apenas algo más de una hora. Los chicos con los que jugué no habían tenido experiencias previas con juegos sin un único director de juego asignado, y también noté que se sorprendieron por la extensión condensada en una página de este nanojuego. El caso es que asimilaron las novedades como unos campeones, y pasamos un rato genial, entre recriminaciones, nerviosismo y… bueno, por qué no decirlo: ¡terror!




Me gusta mucho jugar Poltergeist en convenciones. Se suele generar una dinámica muy linda por la cual se generan lazos de cuasi-amistad entre un grupo de desconocidos. Al final de las partidas siempre terminamos sintiendo que nos conocemos mucho… tal vez demasiado…

Juan - Humberto - Bárbara - Juan

Detrás de mi mesa Joaquín armó una partida de World of Dungeons, un juego de John Harper traducido por Martín en el primer mes de vida de Rúnica. A esto le anexó su suplemento de La noche eterna, que es una aventura de fantasía con dos carillas de extensión. La misma incluye referencias directas hacia el reglamento de World of Dungeons, pero bien puede ser usada con cualquier juego tradicional de fantasía heroica. ¡Les recomiendo que le echen un vistazo!

Joaquín con el resto de los jugadores de World of Dungeons

En fin, Joaquín juntó una comitiva entre los que se encontraban chicos que nunca antes habían jugado rol. Así que tuvo el agrado de experimentar de primera mano cómo eventos como la TerraCon sirven para difundir nuestro hobby. Por suerte para los chicos, World of Dungeons es un juego muy simple con el cual resulta muy sencillo comenzar a familiarizarse con el hobby. Esperamos que hayan tenido una linda experiencia y les hayamos podido contagiar un poco de la pasión que sentimos por este mundo hermoso de los juegos de rol.


Joaquín con el resto de los jugadores de World of Dungeons

Martín, por su lado, había llevado Fiesta con la idea de playtestearlo. Sin embargo, a la hora de formarse su mesa se hizo presente entre los asistentes un menor de edad. Muy cabalmente Martín juzgó que la naturaleza sexual hacia la que apunta su nuevo juego no es compatible con los más pequeños de nuestro hobby, así que a último momento desenfundó Ese ruido salvaje, otro clásico rúnico para eventos y convenciones, y se lanzó junto a los demás participantes al espacio en busca de respuestas a enigmáticos interrogantes.

Martín con el resto de los jugadores de Ese ruido salvaje


A diferencia de lo que experimenté yo con Poltergeist, Martín me comentó que en su mesa le costó a los demás adaptarse a la idea de un juego sin director asignado. Así que tuvo que forzar un poco la dinámica del juego y encarnó el papel tradicional de máster. Yo ya había terminado con mi mesa cuando él estaba llegando al clímax, así que pude atestiguar cómo la experiencia fue buena, incluso teniendo en cuenta la diferencia de edades entre sus participantes. El más chico de ellos inclusive tuvo el rol protagónico de ser el último personaje con vida, respondiendo a la última interrogante propuesta por el juego.

Martín con el resto de los jugadores de Ese ruido salvaje

Con experiencias sumamente positivas en cada frente nos levantamos de nuestro sector de mesas y nos preparamos para disfrutar de otras atracciones del evento. Cortamos un poco con el ñoñaje almorzando junto a otro de los organizadores de Roleros.cl, y probando chaparritas, un tipo de comida que no existe en Argentina, y que consta de una salchicha envuelta en una crepe, con queso. Simple y bueno, una genialidad de diseño. También en esta pausa tuvimos la chance de socializar un poco con la comunidad chilena, tanto con los organizadores como con otros asistentes y aficionados a los juegos de rol. Y para cerrar el bloque de distensión, nos acercamos al sector de eurojuegos y tuvimos una partida de Munchkin en su versión de Hora de Aventura.
Good times!


Joaquín, eligiendo personajes para Munchkin

Juan - Jake el Perro

Las charlas



Los chicos de Roleros.cl prepararon un pequeño y confortable auditorio para las charlas, cuyas paredes eran de vidrio y permitían ver el resto de la convención. Este espacio fue usado en primer lugar para una entrevista trasatlántica con dos grandes figuras de los juegos de rol en España: Francisco Castillo Segura, de conBarba, y Manuel J. Sueiro, de Nosolorol. Dos titanes editoriales en habla hispana, sin lugar a dudas.

¿Quieren saber más sobre esta charla? ¡Véanla! Los chicos de Roleros.cl hicieron un excelente trabajo transmitiéndola en vivo e inmortalizándola en Youtube. A vuelo de pájaro, en esta entrevista doble se conversaron cuestiones tan interesantes como la posibilidad de traer juegos a Sudamérica de una forma más accesible, la caracterización de la comunidad rolera española, y los proyectos venideros de ambas editoriales. No se la pierdan, no tiene desperdicio.







Después de una pausa nos tocó a nosotros dar nuestra primera charla. En honor a la verdad, fue en ese ínterin cuando comimos y jugamos Munchkin… pero bueno, créanme que la alteración cronológica fue para organizar mejor este texto caótico. El caso es que la tarde avanzaba y nos tocaba tomar el micrófono. Como empezamos un poco más tarde de lo planeado, consideramos la posibilidad de dar de baja algunas de las actividades que habíamos planeado en Buenos Aires. Fue así que decidimos recortar el taller que seguiría inmediatamente a nuestra primera intervención, que dicho sea de paso, estaba a mi cargo.
De entre los asistentes muy pocos conocían este blog, lo cual no es raro, considerando que este es un proyecto naciente impulsado por cinco chicos en el fin del mundo a los que sencillamente les encantan los juegos de rol. Lo que me llamó la atención fue que a pesar de eso, la concurrencia permaneciera presente. Como disertante, intenté presentar la charla como una invitación a hacer nuevos blogs, a crear nuevos focos de difusión, a tomar cualquier tipo de iniciativa que sople vida a nuestro hobby.


El auditorio durante nuestra primera charla. ¡Gracias a todos los que participaron!



Para esto hice un repaso por varios puntos de la historia de este proyecto, comentando a los asistentes con qué problemas y desafíos nos habíamos ido topando. Así pasamos por la primera convocatoria de autores en el 2013, el hiato posterior, el resurgimiento de la iniciativa en el 2014 y el lanzamiento del blog. También develamos la fórmula secreta organizativa para cumplir nuestro régimen de publicaciones, y recomendamos algunas prácticas que consideramos que nos ayudaron mucho a hacernos un rinconcito en el mundo de los juegos de rol. ¿Les gustaría saber más? Visiten la próxima convención a la que vayamos como expositores. O mejor aún: ¡organicen una, e invítennos!


Foto robada con mucho cariño a Universidad Friki.


Francisco inició la tanda de preguntas y respuestas y fue genial entrar en diálogo con la comunidad chilena, conociendo sus inquietudes y puntos de vista. Y a esta altura Martín y Joaquín participaban de la charla junto a mí, compartiendo sus puntos de vista y opiniones también. Valoro mucho, mucho más ese segmento de la charla que lo meramente expositivo. Pude enterarme ahí de un poco de la historia de Roleros.cl, conocer proyectos de comunidades de animé, y hasta charlar con una rolera que había vivido muy cerca de mi casa en la provincia de Buenos Aires. El mundo es un pañuelo…

Para cuando habíamos terminado, la tarde estaba empezando a recordar el atardecer y con los chicos nos dimos cuenta de que nos había quedado chica la TerraCon para todas las actividades que habíamos fantaseado con desarrollar. Así que lo que hicimos fue condensar la charla de diseño y su correspondiente taller en una mesa redonda. Aquí la palabra la tuvo predominantemente Martín, que había preparado una lista de temas de diseño que le pareció interesante poner sobre la mesa para discutirlos. Cuestiones como las premisas, los personajes, el vacío productivo, y otras cuestiones que nuestros más fieles lectores reconocerán de las columnas de Rolerosofía y el Roleródromo. La concurrencia fue menor, lo cual permitió hacer más íntimo y personalizado el intercambio de ideas. Ya a esta altura creo que todos estábamos bastante cansados, así que tomamos esta actividad con la soltura y comodidad de una charla de café entre amigos. Nos sentimos por lo tanto muy cerca de los chicos que se acercaron para participar, y esperamos que de algo le sirvan las reflexiones que armamos juntos.


Martín en la mesa redonda

Joaquín en la mesa redonda



Adiós TerraCon



Con la noche abrazando a Santiago de Chile salimos del predio usado para la TerraCon muy emocionados, muy satisfechos, y muy cansados también. Adentro veíamos que los organizadores andaban de acá para allá, llevando y trayendo cosas, posando para fotos, divirtiéndose. ¿Cómo hacen para seguir con pilas?, nos peguntábamos. Nosotros, por otro lado estábamos tan fundidos que no nos daban las fuerzas ni para ver los obsequios que nos brindaron los distintos patrocinadores del evento. Tres piltrafas humanas.


Otra foto cortesía de Universidad Friki, que nos muestra a los chicos de Roleros.cl rozagantes después de la TerraCon.


Una vez que terminaron con sus quehaceres, Francisco y compañía salieron a acompañarnos y a contagiarnos de su energía. Nos invitaron a la casa de Alejandro, otro de los organizadores, a compartir la cena y a conocernos un poco más. Ahí, rodeados de amigos trasandinos pasamos una noche genial, conversando sobre nuestros orígenes en el mundo de los juegos de rol, sobre nuestros gustos personales, y hasta sobre las diferencias en los usos lingüísticos de Chile y Argentina (ellos con su cachai, su iá y su cabro; nosotros con nuestro che, nuestro boludo y nuestro quilombo). Compartimos tremendas pizzas, muy distintas a las que solemos comer en nuestra tierra natal, y nos dejamos llevar por las horas.

Como buenos gamers, la noche no podía cerrarse sin una buena sobremesa lúdica. Joaquín y yo jugamos una partidas de Love Letter con Francisco y Matías, mientras que Martín, Alejandro, Pía, César y unos cuantos más se pusieron a jugar algo que no comprendí bien, pero parecía algún tipo de juego de diplomacia y secretos. Se veía muy bien, pero tenía mucho movimiento físico, y yo ya estaba para otra cosa.

Así que después de un día increíblemente largo, increíblemente lúdico, e increíblemente divertido, pusimos pies en polvorosa y partimos con Matías, nuestro nuevo anfitrión a pasar una noche más sobre suelo chileno.


Fotografía obviamente no tomada por mi cámara de PORQUERÍA


Sobre asados y roleros



Estrictamente el informe sobre la TerraCon termina en el apartado anterior. Pero con los chicos nos quedamos un rato más para disfrutar del trasfondo cultural del viaje, y también para estrechar lazos con la comunidad rolera chilena y las personas que tan amable y desinteresadamente nos invitaron.

Así que si te interesa conocer qué hicimos en el último día en Chile, seguime, que te voy a contar la experiencia que más llamó mi atención en todo el viaje.

El domingo nos levantamos al mediodía. Un rato antes de eso yo estuve leyendo en la cama The Clay That Woke, un nuevo juego de Paul Czege en el que los protagonistas son minotauros servidores de los humanos. Así, como para empezar bien nerdificado el día. Al rato nos pasó a buscar nuevamente Pía junto a Pedro, su novio, para llevarnos a comer a la casa de su mamá. El día anterior yo había coqueteado de hacer un asado al estilo argentino frente a Francisco y Pablo, y al parecer me tomaron la palabra, porque cuando llegamos ahí estaba esperándonos la parrilla.

Ahora, les cuento que en Argentina el asado forma parte de nuestra cultura. Es, además de una forma de cocción de la carne, una instancia social. Por lo general sucede que mientras el asador prepara el fuego y la carne, los demás invitados participan de una entrada que acá conocemos como picada: fiambres, queso, papas fritas, cosas ricas.

Otro detalle importante es que el asado en Argentina se hace a las brasas. Esto es: se calienta el carbón y se ponen brasas incandescentes debajo de la carne, dejando que se cocine no con la llama, sino con el calor que irradia del carbón. Con poco de habilidad se concentra el calor en el sector que haga falta de la parrilla, permitiéndole al asador graduar la cocción del asado según su interés.

Por otro lado, el asador en argentina está sujeto a algunas obligaciones pero a la vez goza de ciertos privilegios. Él (o ella) es el encargado de hacer el fuego, de salar la carne, de limpiar los excesos de grasas, de cocinar la carne, obviamente, pero también de servirla. Todas estas tareas le confieren a la vez el privilegio de lo que podríamos llamar “la autoridad parrillera”. Esto significa que el asador suele tener cierto manejo monopólico de lo que sucede en la parrilla. Él determina la intensidad del fuego, el tiempo en que debe poner o sacar la comida de la parrilla, y básicamente es una falta de respeto interferir en su manejo del asado.


Ars asadoria - Juan


Esto no quita otra costumbre típica en los asados argentinos, que es el círculo de comentaristas que se nuclea alrededor de la parrilla diciendo cómo harían ellos (o ellas, de nuevo) el fuego, o cuál es su técnica para cocinar tal o cual corte de carne. Es una delgada línea que algunos saben transitar bien sin por eso caer pesado ni molestar al asador.
Todo esto lo digo, aclaro, a partir de mi experiencia y de la visión que mis círculos sociales manejan del asado y sus rituales. Joaquín me dice que en su caso mucho de esto no aplica, que él apura al asador, etc. etc.
En fin, con este trasfondo cultural-asadero esclarecido prosigo la anécdota.
Llegamos a la casa de Clara, la mamá de Francisco, y al pasar al fondo me encontré con que ella ya tenía el fuego armado, y no solo eso, sino que tenía tremendo fongón, con llamas que sobrepasaban la parrilla. Al parecer, en Chile la carne asada no se hace a las brasas, sino a la llama. Clara me comentaba que ella dejaba formar una costra chamuscada de cada lado de los cortes de la carne, y dejaba tierno el medio. Esto se distingue del uso argentino, donde el lento calor a las brasas intenta homogeneizar la cocción de la carne, sin llegar a quemar la parte exterior.
Yo intenté apartar el fuego hacia un costado de la parrilla para dejar bajo la carne solo las brasas más fuertes. Clara y los chicos de Chile al parecer no conocían esta forma de hacer el asado (así como yo no conocía el asado a la llama), y me preguntaban si acaso no se iba a apagar el fuego corriéndolo a un costado. Todo un choque cultural.
También se sintió el impacto cultural en la cuestión del tiempo: como asador uno tiene el doble compromiso de presentar la carne en tiempo y forma. Ahora, yo estaba lidiando para presentarlo en la forma argentina, pero los comensales claramente estaban esperando que lo hiciera en los tiempos chilenos. Clara, ni lenta ni perezosa comenzó a meter mano en el asunto, poniendo chorizos y pollo en la parrilla, que en Argentina se suelen dejar para el final de la cocción, ya que llegan a su punto de forma más rápida que la carne. En un asado argentino típico, hubiese sido hasta incómodo que alguien rompa el monopolio del asador que mencionaba antes, pero en el marco de un intercambio de cultura culinaria se sintió natural, divertido y por sobre todo afectuoso.
Acá estamos: hablando de asados en un blog de juegos de rol.
Como fuere, el asado se hizo, con la ayuda de Clara y de Martín, y tuvimos un genial almuerzo entre amigos y familia. Uno de esos recuerdo para guardar.

Coproducción chileno-argentina de asado.

Últimas horas en Chile



La sobremesa se armó alrededor de unas partidas de Citadels, en las que Joaquín y yo hicimos gala de la habilidad argentina para ganar en un juego y aun así llorar y hacerse el pobrecito durante toda su duración. El sacado de Martín tiró la idea de jugar Torchbearer, pero siendo nuestros últimos momentos en Chile, y con tan pocas horitas para conocer su capital, decidimos que meternos en un dungeon a pasar frío, hambre y extremo agotamiento físico y mental no era la mejor de las opciones.

Así que salimos junto a Francisco, Pablo y Clara a recorrer los puntos principales de Santiago. Soy muy malo con los nombres, pero voy a pedirle ayuda al buen Google para dar un punteo de los lugares que visitamos. Arrancamos por la comuna de Maipú, donde los chicos nos llevaron a los pies de un monumento que representa el abrazo de Maipú, un hito en la historia de la independencia de Chile, en el cual el general San Martín estrechó brazos con el general O’Higgins. Yo no soy para nada nacionalista, pero el símbolo de fraternidad detrás del monumento caló hondo, viniendo de un evento en el que miembros de comunidades tan distantes se lograron reunir para apoyarse mutuamente. Felicito a Francisco y a Pablo por lo oportuno del punto turístico elegido.

Conociendo la historia y cultura chilena.
Pablo - Martín - Joaquín - Francisco


Seguimos recorriendo Santiago, visitamos una catedral, recorrimos la avenida Andrés Bello, costeamos el cerro Santa Lucía, y nos adentramos en el sector de edificios públicos. En este punto comencé a notar varias esquinas y construcciones con una arquitectura similar a la de Buenos Aires. Las calles eran más amplias (y muchísimo más limpias), pero por momentos sentía que estaba caminando por Corrientes y Esmeralda. ¿Serán todas las metrópolis así? ¿Será solo cosa de Sudamérica? Como fuere, es horrible generalizar sobre cuestiones de alcance nacional o internacional en base a las pocas percepciones que uno puede llegar a tener en un viaje de 48 horas en un lugar.


Una de las tantas maravillas del cerro Santa Lucía




El paseo terminó al anochecer, frente al monumento de Salvador Allende, con una charla entre Francisco, Pablo, Martín, Joaquín y yo sobre su historia, las características del socialismo chileno, las páginas negras de los gobiernos militares en la historia latinoamericana. ¡Ah, me faltó decir eso! Por acá y por allá, entre caminatas de aeropuertos, sobremesas y paseos en metro, con Joaquín despuntamos nuestra faceta político-socialista. Él había militado hace un tiempo en el Nuevo MAS, y yo soy miembro del Partido Obrero, así que no faltó trotskismo y revolución obrera en nuestras conversaciones. Martín en el medio quedó un poco en offside, pero yo creo que aaaalgo de conciencia de clase llegamos a meter en su cabecita burguesa. ¡Te queremos igual, Martín!

Huelga de empleados de Falabella, que atestiguamos con Joaquín en nuestro último día
#ygritemosotodosunidosvivalainternacional

Nuestro recorrido nos llevó nuevamente a la casa de Sergio, nuestro primer albergue en Chile, donde lo encontramos corrigiendo algunos exámenes. Comimos entre amigos, tuvimos nuestras últimas charlas roleras junto a Francisco y Pablo, entre pendragones y mousguardeos, y aunque hubiéramos querido que esta experiencia durara mucho, mucho más, se hizo la hora de despedirnos. Nos dimos un abrazo con los chicos que poco tiene que envidiarle al de San Martín y O’Higgins, y nos prometimos volver a vernos, sea en Santiago, en Buenos Aires o donde fuere menester.

Joaquín - Martín - Francisco - Pablo

El vuelo de Martín salía esa misma madrugada (Joaquín y yo nos íbamos a quedar a hacer un poco más de turismo urbano y consumismo), así que nos quedamos haciéndole el aguante. Más o menos cuando Sergio había terminado de corregir nos pusimos a charlar con él, y ¡sorpresa! resultó ser un acérrimo defensor de las lecturas de Derrida que yo más de una vez mencioné en Rolerosofía. La charla empezó alrededor del poeta Huidobro, sobre cuyo trabajo él había basado su tesis, y al cual yo había estudiado en mis clases de Literatura Latinoamericana. Sobre la marcha literaria se nos sumó Joaquín, y ni bien la cosa se fue tornando filosófica cayó Martín, Hegel en mano. Kant por acá, Derrida por allá, algún que otro Adorno… la verdad es que fue un intercambio riquísimo de opiniones, fruto del puro azar en circunstancias que ninguno de nosotros hubiéramos imaginado. Un grande Sergio. Grande con “g” de “Guau, que grande que es Sergio”.

Sergio - Martín - Juan

No por esto dejó de correr el tiempo, y en algún momento de la madrugada Martín se tuvo que ir, no sin antes dejarse olvidada toda su ropa sucia para que yo la tenga que pasear por Santiago de Chile durante todo el día siguiente (¡!). Las cosas que uno hace por amor…
El día siguiente fue un típico paseo de turista, corriendo para ver la mayor cantidad de cosas posibles, comprando chucherías y esperando en la terminal a que salga nuestro avión. Nada tan interesante ni digno de ser contado, como obviamente sí lo fue el asado en la casa de Clara.

Fotos del viaje en avión, tomadas por Joaquín que evidentemente no tiene un teléfono que APESTA como el mío. :P

Los saludos finales

Así que acá estamos, nuevamente en Buenos Aires. Pasamos unos días incríbles en Santiago de Chile, formando parte de una convención de juegos excelente, se la mire por donde se la mire. En medio de esto fuimos recibidos con el mayor afecto posible por una comunidad maravillosa, y honestamente no podríamos estar más agradecidos y felices.
Esperamos con todas sinceridad volver a cruzar nuestros caminos con Francisco, Pablo, Pía, Matías, César, Alejandro, Sergio, y todos los roleros chilenos que conocimos y cuyos nombres se escapan a nuestra memoria. Un abrazo enorme a todos ustedes, y muchísimas gracias por todo lo que nos dieron, desde el fondo del corazón.

¡Chau Santiago, esperamos verte de nuevo pronto!

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