Rolerosofía: Juegos de rol, arte y función social

17.9.15

Rolerosofía: Juegos de rol, arte y función social


Los juegos de rol, ¿son una forma de arte? En el artículo de hoy encaramos esa pregunta al calor de una controversia que recorrió varias comunidades virtuales.


Jugador: Intento publicar un libro rolero original y osado, tiro +ñoño... ¡8!
Director: Ok, éxito parcial... publicás tu libro, pero la comunidad lo encuentra sumamente ofensivo.


La controversia

En la última entrega de la Gaceta Rúnica hicimos mención a una polémica que se desató luego de la publicación de un producto en DrivethruRPG, el portal de venta de juegos de rol en formato electrónico más grande del momento. Puntualmente, se trató de una aventura llamada Tournament of Rapists, en la cual los jugadores debían detener a un grupo de demonios que habían desatado una ola de violaciones y crímenes sexuales.

Esta aventura tal vez hubiera sido ahogada rápidamente en el mar de publicaciones que se suceden cotidianamente en DrivethruRPG, pero algunos sectores de la comunidad tomaron nota del título y comenzaron a generar discusiones al respecto. Algunas editoriales, como es el caso de Exploding Rogue Studios anunció que retirarían todos sus productos hasta que DrivethruRPG no censurase la venta del polémico suplemento.

Se tomaron posiciones, algunos en la defensa de la libertad de expresión, otros afirmando que libros como este le hacían mal al hobby trayéndole mala prensa a una actividad lúdica que múltiples veces tuvo que enfrentarse a los prejuicios y la tergiversación. La controversia fue escalando, susceptibilidades fueron heridas, el libro fue mayormente juzgado por su título, y eventualmente su autor decidió retirarlo del mercado.

Entre tanto, la ola de indignación y gente ofendida llegó a los administradores y responsables de DrivethruRPG por alojar un producto que muchos consideraron reprochable. Steve Wieck, el C.E.O. de DrivethruRPG, luego de replicar varios twits de la polémica terminó publicando una carta abierta desde OneBlogShelf. El contenido de ese texto es muy rico, aclarando no solo cómo se sucedieron los hechos, sino también las bases ideológicas por las que se oponía a censurar de plano el suplemento en cuestión. Y entre estos motivos figuraba la consideración de los juegos de rol como una forma de arte y la consiguiente incomodidad que sentiría si tuviese que unilateralmente dar guías o pautas que determinen qué juegos se publican y qué juegos no se publican en DrivethruRPG.

Hacia ese rumbo se encamina el resto de este artículo.




Juegos de rol y arte

¿Son los juegos de rol una forma de arte? No pretendo inocencia, así que declaro de entrada mi postura para luego defenderla: podrían serloEn este punto hay que evitar un subjetivismo que muy despreocupadamente nos haga decir sin más "para mí esto es arte", sin juicios previos que sostengan la afirmación. Por lo menos si queremos ir más allá de las meras opiniones personales. En caso contrario, según a quién se lo preguntase esto sería arte, aquello no, eso otro a veces, etc. etc. Terminaríamos tendiendo a decir que "todo es arte", lo que más o menos es lo mismo que decir "nada lo es".

El hecho es que en la experiencia de jugar un juego de rol se activan muchas competencias similares a las que se activan al desenvolverse en el ámbito artístico. La representación de personajes está muy cercana al teatro, y la creación de historias (junto con todo lo que ello implica: ficción, personajes, géneros, etc.) está claramente ligada a la literatura. Hay también instancias periféricas al acto de juego, como podrían ser los manuales, donde las ilustraciones tienen un componente artístico innegable. E incluso la música puede permear en una partida si se le da lugar al preparativo necesario. Y uniendo todos estos elementos más o menos centrales al acto de jugar rol está la creatividad, la fuerza de la imaginación y la impronta única que cada ser puede imprimir tanto cuando juega rol como cuando incursiona en algunos de los dominios artísticos.

Así que teniendo esto en cuenta podríamos afirmar que los juegos de rol, constitutivamente, no carecen de nada de lo que debería tener algo para ser considerado arte. Pero para que algo sea considerado arte hace falta más que esto. El arte es una institución, con normas de aceptación difusas y variables a lo largo del tiempo. Así, lo que para una época no era considerado artístico (por ejemplo, textos clásicos como La Ilíada) en los ojos de hoy puede inscribirse dentro del canon literario. Y viceversa: la imagen de la lata de sopa de tomate Campbell no era sino un objeto de consumo hasta que Andy Warhol la catapultó como ícono del arte pop.

Evidentemente depende del contexto social qué cosa es tomada como una forma de arte y qué queda por fuera de esta institución. Que además no deja de ser una institución moderna, con muchos conceptos asimilados que no surgen sino en los últimos siglos de la humanidad. Voy a decir una paradoja: es una constante en el pensamiento humano, pensar que el pensamiento humano siempre fue constantemente igual. Una rama de la Historia, la historia del pensamiento nos demuestra que no siempre tuvimos una misma concepción de cuestiones como el el arte, el hombre, la muerte, el amor. Pero nuestra condición humana nos empuja a pensar que como individuos somos un buen ejemplo representativo de toda la humanidad, cuando en realidad no somos sino un acontecimiento particular en una enormemente larga cadena de acontecimientos irregulares.

¿Qué significa toda esta cháchara? Que las cosas no están grabadas en piedra. Que lo que en el día de ayer no era arte, hoy bien podría serlo, o viceversa. Y que la inscripción de algo dentro del arte va más allá de sus elementos constitutivos. Va más allá de la inclusión de la ficción, del uso de la creatividad, de la combinación de colores, del desarrollo estético. Todos estos elementos asociados con el arte están efectivamente en los juegos de rol, y sin embargo su aceptación como acontecimiento artístico sigue siendo algo marginal y limitado solo a ciertos sectores allegados al hobby y a sus principales voceros y promotores.



Función social

La conexión con el arte y la sociedad es algo que como vimos en los párrafos anteriores hace a la concepción misma de lo que es y lo que no es considerado un acontecimiento artístico. Y esta conexión se ha traducido incontables veces a lo largo de los años en producciones artísticas comprometidas con el medio en el que se gestaron. Desde el dramaturgo Bertolt Brecht a Rage Against the Machine, pasando por Griffith y su film pro-racista The Birth of a Nation, en innumerables ocasiones el arte ha puesto de manifiesto su capacidad de influir y de ser influida por el contexto en el que está inmersa.

La publicación de Tournament of Rapists hirió susceptibilidades porque aparentemente los juegos de rol demostraron la capacidad de conectarse de alguna manera con la sociedad, e influir en esta. Y cuando esa conexión queda en evidencia, con rapidez se da el siguiente paso: la responsabilidad. La creación de un medio de influencia en la realidad despierta en sus operarios el compromiso de empuñar este medio de forma responsable y consciente. Claro que lo que sea "responsable", "productivo", "justo" o "loable" variará de sujeto en sujeto, y de posición política en posición política. Tournament of Rapists sirvió a la historia del rol para que nos preguntemos ¿qué función social queremos que ocupe nuestro hobby? ¿El simple entretenimiento y la dispersión son suficientes? ¿La transformación de la sociedad es posible? ¿Podemos ignorar el potencial de acción que se abre con los juegos de rol? Todas preguntas que en algún punto de la modernidad los artistas se preguntaron.

Tal vez llegue el día en las masas que integran a la sociedad y las instituciones que la atraviesan observen a los juegos de rol y aparejen su cuota de creatividad y su capacidad reflexiva con el arte. ¿Significará eso la inauguración de museos de juegos de rol? ¿Habrá grandes conciertos multitudinarios donde los jugadores sean como rock stars? ¿Es esto posible? ¿Deseable? ¿Indeseable? ¿Y cómo afectaría a los juegos de rol, a sus dinámicas, a sus condiciones de existencias un cambio tal en la forma en la que la sociedad los observa?




Un futuro posible


Cierro el artículo con un ejemplo traído del ámbito artístico que me toca más de cerca: la literatura. Como hacemos ahora con los juegos de rol, anteriormente muchos filósofos, pensadores y críticos enfrentaron la problemática de la literatura en la actualidad. ¿Qué es la literatura? ¿Qué lugar ocupa en la sociedad contemporánea? ¿Cuándo algo empieza a ser o deja de ser literatura? En un artículo previo Martín Van Houtte siguió las líneas de los formalistas rusos Shklovsky y Tynianov para trasladar algunas de esas interrogantes hacia los juegos de rol. Y hoy yo quiero hacer un movimiento similar, partiendo de usa idea de Jacques Derrida.

En algún texto más o menos tomado como críptico, Derrida afirmó que la literatura en las sociedades democráticas occidentales contemporáneas era aquel ámbito donde todo puede decirse. Absolutamente todo. ¿Torneos de violaciones? ¡Por supuesto! El rótulo literario, de manera más amplia incluso que el rótulo ficticio actúa de salvoconducto, de chivo expiatorio, de sacramento para que todo lo dicho bajo su amparo sea tolerado. Pero esto tiene una contracara, advierte Derrida: si todo puede decirse en la literatura, es sencillamente porque nada dentro de ello importa. La tolerancia y la pose artística tiene ese doble filo: la futilidad, la mansedumbre que avasalla todo intento de sacudir las condiciones de existencia. Extrapolándolo a otras formas de arte, es lo que pasa cuando las obras vanguardistas pierden su valor combativo y pasan a ser contempladas bajo los monóculos aristocráticos que visitan museos. El arte para sobrevivir en este régimen eventualmente claudica esa naturaleza combativa, y termina tarde o temprano entregando las armas.

En el mundo contemporáneo de los juegos de rol quizás algo similar a esto se pueda observar. Hace unos días circuló por las redes un artículo de Rol Hypnos llamado "¡La hipocresía sobre el rol!" en el que se critica el cambio de apreciación que la sociedad hace de una actividad lúdica cuando esta es realizada por niños o por adultos. Y creo que de alguna manera estos puntos se conectan con las líneas que venimos trazando. Los juegos de rol entendidos como ámbito de puro ocio y entretenimiento son un campo cultural inofensivo. Son un mero espacio para relajar tensiones, para adormecer nuestros pesares, para olvidarnos de los problemas de la sociedad por unas horas. Pero esto es una ficción: no hace falta jugar la aventura de Tournament of Rapists para ver cómo las injusticias del mundo real se filtran en nuestras aventuras ficticias. Conversando sobre toda esta controversia, Patricio Jones, otro de los autores de Runas Explosivas, hizo una observación que creo es muy lúcida y válida: ya en la existencia de los medio-orcos en Dungeons & Dragons la violación entra, de forma solapada quizás, en los juegos de rol.

Entonces, esa pasividad de la que nos habla Derrida, ese maldito sacramento que en la literatura inaugura la posibilidad de decirlo todo, y en los juegos de rol garantiza el entretenimiento despreocupado... ¿es inevitable o invencible? No, no lo es. Los juegos de rol están luchando a manotazo de ahogado para salir a la superficie de las batallas culturales, y en el camino es lógico que sucedan acontecimientos como Tournament of Rapists, como los debates sobre la responsabilidad moral, o sobre la libertad de expresión, o si los juegos son arte o no. Es una lucha que en un rango mayor vemos en el ámbito artístico-literario gracias a la óptica que propone la lectura de Jacques Derrida. En la sociedad contemporánea el arte y los juegos de rol tienen un lugar cómodo como perro faldero del régimen, régimen que juega el rol de amo. Pero dentro del perro habita el lobo, que puede morder la mano que la alimenta. Y que tal vez no tenga otra posibilidad más que, tarde o temprano, dar ese tarascón que a él lo deje fuera de la categoría de perro faldero, y saque al régimen del rol de amo. 

¿Qué se dirán entonces, hablando fuera de personaje?

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